Despatriarcalización de los viajes

Si buscamos la definición de Viajar en varios diccionarios encontraremos algo parecido a trasladarse de un lugar a otro, generalmente distantes entre sí, o recorrer una ruta.

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Pero, si nos fijamos, esa definición no incluye el objetivo del mismo que, por otro lado, puede ser variado. Nos hemos preguntado alguna vez ¿con qué fin? Viajamos ¿para conocer otras culturas? ¿otras personas? ¿por diversión? ¿para aprender? ¿para abrir la mente?

Cualquiera de estos motivos, y muchos más, son los más habituales escuchar cuando alguien nos habla de sus viajes pendientes o de los ya realizados.

Sin embargo, si hacemos algo de autoreflexión y autocrítica, lo cierto, y no lo digo con intención de denostar los viajes (a mí también me gustan) es que a pesar de que se afirme que viajar te abre la mente, creo que no he conocido en la vida alguien que después de un gran viaje, de esos de los que se suele presumir, haya comentado cosas muy alejadas del típico turisteo o haya sufrido un cambio espectacular en su forma de entender la vida, de posicionarse y relacionarse con los demás.

Debemos reconocer que quizás se deba a que, en los últimos tiempos, los viajes no dejan de ser un producto de consumo más dentro del capitalismo. A nadie nos va a resultar extraño esa sensación de que todo el mundo quiere viajar, cuanto más lejos, mejor y porque hay que contarlo a las amistades y familiares. En pocas ocasiones nos paramos a pensar qué implicaciones tienen o qué significan para nosotras. Viajar se convierte en objeto de colección del que fardar delante de amistades.

Quizás muchas no somos más que meras turistas, lejos de esa idea romántica, bucólica y atractiva de las auténticas viajeras.

viaje3Siempre se ha hablado más de hombres viajeros y aventureros y son ellos los que han sido protagonistas sobre todo de este tipo de viajes para presumir. De hecho, en el pŕologo del libro Mujeres viajeras y intrépidas de Cristina Morató, Manu Legineche (prologuista) dice que a lo largo de la historia los hombres han realizado los llamados viajes ego-trip, es decir, viajes que sirven para alimentar el ego y presumir. Parece ser que las mujeres viajaban, desde hace tiempo, con otras intenciones diferentes a las de alimentar el ego. Este libro nos ayudará a descubrirlas.

También en un número de la revista Altair, dedicado a viajes y feminismo: A bordo del género: cruzando fronteras en la editorial se preguntaba, si ante esta cultura viajera masculina, heroica y competitiva, existe una forma femenina de viajar.

Como decimos, la hay pero debemos intentar que no la absorba ni el capitalismo ni el patriarcado.

“Así se invita a despatriarcalizar la cultura viajera y despojarla de estereotipos, alimentarla, nutrirla con narrativas diferentes a las que nos han vendido hasta ahora”.

A mí, me está haciendo pensar cómo replantearme viajar para evitar que sea, en la medida de lo posible, viajes atravesados por el consumismo y por la cultura masculina clásica porque es el modelo que seguimos  y porque, además, se nos han ocultado las crónicas de los viajes realizados por mujeres y no tenemos referentes femeninos apenas.

Algunos puntos a tener a cuenta son:

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  • ¿Con qué objetivo viajamos?
  • ¿Qué buscamos con ese viaje?
  • ¿A quién damos nuestro dinero? (hostales, restaurantes, ocio, cultura)
  • ¿Nos hacemos fotos con personas de lugar para presumir utilizando esa persona para nuestros fines?
  • ¿Tenemos ansia por ver cuantos más sitios, mejor pero sin realmente ser conscientes de si estamos aprendiendo algo de la cultura y de la gente del lugar más allá de estereotipos?

Quizás no sea fácil, pero puede ayudar la lectura de los viajes de otras mujeres a lo largo de la historia, que como siempre, han sido invisibilizados, a pesar de haber realizado logros y descubrimientos más impresionantes que algunos hombres. Y no solo para cuando viajamos en compañía, también si lo hacemos sola.

Un libroviaje3 para reflexionar, en líneas generales, sobre viajar, qué implicaciones tiene y qué significa, puede ser el ensayo de Patricia Almarcegui El sentido del viaje.

Además del libro mencionado de Cristina Morató y el de Patricia Almarcegui, nos pueden interesar estos libros, novelas y ensayos, que abordan los viajes desde puntos de vistas muy diferentes.

Tras la lectura de algunos de estos libros y varios artículos en Internet sacamos de primera mano los motivos de por qué las mujeres han querido viajar a lo largo de la historia, en muchas ocasiones, solas. Desde para vivir un sueño, para olvidar y sanar, aprender, seguir una obsesión, para voler a los orígenes, ganarse la vida, adquirir conocimientos, alargar la vida hasta para huir de la guerra, la represión o para la cooperación y la ayuda humanitaria. Y hace un par de siglos una viajera intrépida indicó también que para encontrar un hombre honorable.

También, si viajamos como activistas o en cooperación al desarrollo, es conveniente tener cuenta algunos aspectos que muchas veces olvidamos, embuidas en ese viajar coleccionista que nos vende la sociedad. Nos abrirán los ojos estos dos recursos: el blog de Elisa Coll, Revolution on the road, sobre viajar sola, activismo y feminismo y la guía A social media Guide for volunteers and travelers que da claves para no convertirnos en la típica salvadora blanca de la población de los lugares que visitamos cuando se viaja de cooperante.

viaje4Acabemos con lo que Pere Ortin denomina Homo turisticus occidentalensis (subespecie del Homo sapiens sapiens). Dice así, en un fragmento del Epílogo de la revista Altair mencionada con anterioridad:

“El Homo turisticus occidentalensis viaja sin el menor interés por conocer algo de lo que sucede en ese lugar al que llaman “destino”. Además, cree disponer de un salvoconducto en forma de guía que le evita mancharse en los conflictos que definen la contemporaneidad y olvida, por ejemplo, que en el lugar visitado no puede haber ni habrá placer, ni ocio, ni tampoco seguridad si no hay, primero antes que nada, menos desigualdad”.

Repensemos nuestros viajes y que sean feministas.

 

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La amistad entre mujeres

Llegó un día en el que mi mejor amiga del instituto dejó de quedar conmigo. No tenía tiempo. La realidad: había conocido un chico y los chicos están por encima de las amistades.

También viví ese día en el que hablando con otra amiga, tenía muy claro que nuestras relaciones eran una jerarquía: primero la pareja; segundo, la familia; y tercero, si queda tiempo, las amigas. Espero que al menos tuviera tiempo para estar con ella misma.

Y no podía faltar el día glorioso de la amiga que se casa y que como ella misma afirmó “ya voy a tener el anillo de poder”. Sin comentarios.

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Evidentemente, nos guste o no, esto sucede. No siempre tiene que suceder de esta manera, puede haber otros motivos o pueden existir amistades que nunca se rompen. Pero no lo obviemos, el patriarcado nos quiere sin amigas. Siempre se nos ha dicho que las mujeres no podemos mantener una amistad y que nos peleamos por los hombres.  Y así ocurre en la literatura. La escritora Carmen G. de la Cueva cree que en la vida real las mujeres sí podemos ser amigas, de hecho, tenemos amigas pero la literatura no nos representa de ese modo.

Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia reflexiona sobre este tema:

“A Cleopatra no le gustaba Octavia. ¡Y qué diferente hubiera sido Antonio y Cleopatra si le hubiese gustado! Tal como fue escrita la obra, pensé, dejando, lo admito, que mi pensamiento se apartarse de La aventura de la vida, todo queda simplificado, absurdamente convencionalizado, si me atrevo a decir tal cosa. El único sentimiento que Octavia le inspira a Cleopatra son celos. ¿Es más alta que yo? ¿Cómo se peina? La obra quizá no requería más. Pero qué interesante hubiera sido si la relación entra las dos mujeres hubiera sido más complicada. Todas las relaciones entre mujeres, pensé recorriendo rápidamente la esplendida galería de figuras femeninas, son demasiado sencillas. Se han dejado tantas cosas de lado, tantas cosas sin intentar. Y traté de recordar entre todas mis lecturas algún caso en que dos mujeres hubieran sido presentadas como amigas”.

Y de hecho, hay algunas novelas, como Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite que trata sobre el reencuentro de dos amigas que se separaron precisamente por un hombre. y quizás ocurre más de lo que debería suceder.

Aunque encontramos otras amistades que empiezan en la adolescencia como la de Amparo y Catalina que va evolucionando a lo largo del tiempo como ocurre en Daniela Astor y la caja negra de Marta Sanz o amistades que duran toda la vida como la que se narra en Alguien bajo los párpados de Cristina Sánchez-Andrade.

Otras amistades que encontrarmos en los libros es la relación entre dos mujeres de distintas

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generaciones que se conocen y entablan una amistad en la que encuentran el apoyo y la comprensión que necesitan. Así ocurre en Astrid y Veronika de Linda Olsson y En la tierra de los abetos puntiagudos de Sara Ornet Jewett.

Por último, me gustaría mencionar a Laura Freixas, que entre otros temas, ha indagado, en éste del que hablamos en este post en sus libros Cuentos de amigas y Entre amigas.

Al leer estos libros me han surgido  diversas preguntas:

¿Refleja bien la literatura nuestras relaciones con otras mujeres?

¿Refuerza estereotipos?

¿Cómo nos relacionamos las mujeres?

¿Cómo influye el capitalismo y el patriarcado?

Las mujeres en el espacio público y la filosofía lenta

alegriaA veces, empezamos proyectos ilusionadas pero no se desarrollan como nos gustaría: dejadez, falta de compromiso, machismo… pero también a esos proyectos les podemos dar la vuelta y sacarlos a la luz de otras maneras. Otra manera que también puede resultar enriquecedora y enseñarnos. Quizás esa otra forma también nos lleve a conocer otra gente y otros puntos de vista que no habíamos valorado en un principio y nos acercan a nuestras intenciones.

Así, con un varapalo, del que se sacan aprendizajes surge el fanzine literario sonoro El momento perfecto, porque en esta sociedad machista y capitalista parece que nunca es buen momento para hablar de feminismo e igualdad.

Será un audio breve con una reflexión muy personal sobre aspectos del feminismo que me inquietan y vistos y ampliados a través de los libros. Un fanzine sonoro sencillo, modesto pero hecho con mucha ilusión y mucho mimo.

Puedes escucharlo y descargarlo en el siguiente enlace:
https://www.ivoox.com/23529083

Y en breve, para que no se sienta solo, irá acompañado y complementará la información un fanzine (de los de toda la vida) con otros aspectos no tratados en el podcast.

LA CALLE ES NUESTRA

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La señora Dalloway. Virgina Woolf

woolfEn una sociedad victoriana hermética y de ideas conservadoras, la escritora Virginia Woolf (1882-1941) consiguió sobresalir con su talento y, además, ser reconocida como una gran intelectual en su propia época. Escribió novelas, ensayos, cuentos y fue una gran oradora.

Bien es cierto que era una época en la que hacía falta pertenecer a una clase acomodada para acceder a la cultura, aunque era más difícil para las mujeres (en una ocasión le negaron la entrada a la biblioteca porque las mujeres solo podían entrar acompañadas o con una carta de presentación). Woolf no fue al colegio pero sí que recibió formación en casa y tuvo acceso a libros que le facilitó adquirir conocimientos. Sin embargo, vivió también momentos duros. Su madre murió cuando ella tenía trece años y dos años más tarde, lo hizo una de sus hermanas. También sufrió abusos sexuales de uno de sus hermanastros, hechos que pudieron marcarla profundamente e influir en las continuas depresiones que padeció desde joven.

Estamos ante una mujer adelantada a su tiempo que perteneció a un club selecto de intelectuales, el Círculo Bloomsbury, creó junto a su marido su propia imprenta y mantuvo un matrimonio abierto al tener relaciones con mujeres; la más conocida fue su amante Vitta Sacke-Ville, en quien se basó para escribir su famosa novela Orlando.

Fue una escritora innovadora que intentó romper los férreos moldes de la época no sólo mediante sus historias sino también con un lenguaje innovador que escapaba al férreo control de las normas sociales. Es considerada una de las pioneras en la utilización del flujo interior de los personajes con gran brillantez como herramienta de narración, técnica que se aprecia especialmente en su novela Las Olas pero también en La señora Dalloway. También introdujo temas novedosos y provocadores en su tiempo como la homosexualidad, la sexualidad en Orlando, la transexualidad en Flush, la masculinidad y la guerra en Tres Guineas o la independencia de las mujeres en Un cuarto propio.

La señora Dalloway, publicada en 1925, tres años antes de que el sufragismo alcanzara su éxito en Gran Bretaña y que se menciona sutilmente en la novela, es su cuarta obra. La protagonista es Clarissa Dalloway, una mujer de la alta sociedad que está preparando una fiesta. La novela transcurre en único día y a lo largo de él nos encontramos con las reflexiones de Clarissa sobre su vida y sobre una relación amorosa anterior y con numerosos personajes, algunos que se conocen entre ellos, otros, que se cruzan casualmente en el camino a través de elementos ambientales y espaciales, como las campanadas del Big Ben o un parque londinense y que configuran la idiosincrasia y funcionamiento de la sociedad londinense del período de entre-guerras. Una sociedad dura y elitista que solo mira con buenos ojos a una clase social adinerada, que obedece a unas normas sociales muy rígidas y donde se percibe claramente la lucha y la diferencia de clases.

Encontramos mujeres que sufren, que se sienten encorsetadas en el debe-ser que la sociedad les impone, como la propia señora Dalloway, y del que les gustaría escapar. Existe un único modelo de mujer, estereotipo del que no está permitido salir y se espera la dependencia, la debilidad y la complacencia a los hombres. Además, se trata de una sociedad que ve con malos ojos la sexualidad fuera de la norma que son las relaciones hombres-mujeres. Las mujeres sienten atracción por otras mujeres pero se inhiben ante algo que está prohibido y que la sociedad condena.

Es interesante el tratamiento de las enfermedades mentales en la novela. La propia Woolf sufrió trastornos bipolares que la llevaron finalmente al suicidio. A través de Septimus Warren Smith, uno de los personajes de la novela, y el alter ego de Virginia Woolf, asistimos a una queja abierta del tratamiento que reciben las personas enfermas por parte de los médicos. La negación del derecho a tomar decisiones sobre sí mismos y su falta de autonomía, situación que la escritora pudo vivir en carne propia y que otras escritoras como Charlotte Perkins-Gilman en El papel pintado de amarillo y Janet Frame en la autobiografía Un ángel en mi mesa también trataron.

Nos hallamos, por tanto, ante el retrato de una sociedad violenta contra las mujeres y contra las clases sociales que no se consideran de la alta sociedad. Una violencia que se ejerce a través de las leyes. Una sociedad que considera a los otros un peligro. Virginia Woolf es capaz de mostrarnos a través de pensamientos, miedos, emociones y reflexiones entrelazadas una sociedad que califica de enfermas a quienes no cumplen los mandatos sociales cuando es la sociedad la que está realmente enferma.

La señora Dalloway, aunque sea una novela densa y compleja, quizás difícil en algunos momentos, es de imprescindible lectura ya que de ella se extraen temas de debate entorno a cuestiones feministas que hoy día continúan de actualidad. Por su parte, Virginia Woolf continúa siendo un referente del feminismo y su gran logro fue ser considerada , lo que es, un genio y no una musa.

*Publicado originariamente en blog del Club de lectura feminista de la Asociación La Maraña

Mujeres que leen, mujeres que escriben contra la opresión

El ámbito literario es un campo de batalla, otro más, en el que las mujeres luchamos contra la opresión que el patriarcado ejerce sobre nosotras. La lectura, en mayor o menor medida, otorga conocimientos, independencia, libertad, capacidad de decisión. Los hombres han intentado evitar, hasta hace relativamente poco, que las mujeres leyéramos o escribiéramos. Lo consideraban innecesario, pensaban que éramos incapaces o que tal actividad nos volvería locas. Simplemente tenían miedo de perder sus privilegios en la sociedad. La lectura era peligrosa para las mujeres, decían. Una excusa para continuar sometiéndonos y mantener una relación de poder sobre nosotras. Al mismo tiempo, ejercieron violencia (y se continúa) al crear referentes estereotipados, sumisos, dependientes y no libres.

Sin embargo, las mujeres siempre hemos buscado el modo de escapar al control que el patriarcado nos ha impuesto, de rebelarnos contra el poder establecido y contra el papel que nos han asignado en la sociedad en contra de nuestra voluntad.

En la China antigua, en Hunan, las mujeres crearon un lenguaje secreto, el nushu, para poder hablar entre ellas ya que el lenguaje escrito por hombres lo tenían vedado. Era su forma de comunicarse y darse consejos sin que los hombres se enteraran.

chinaPoco interés ha habido en dar a conocer a Murasaki Shikibu, escritora japonesa del siglo XI que escribió Genji Monagatari, considerada la primera novela, tal como hoy la concebimos, de la historia.

En la Edad Media se leían libros religiosos y sagrados y aunque bien es cierto que la cultura estaba en manos de la Iglesia y de las clases nobles o la corte, también destacaron mujeres en los scriptoriums. Conocida es Hildegard de Bingen, autora de libros visionarios, tratados científicos, médica y compositora o Eloísa de Paracleto, mujer excepcionalmente culta y erudita.

En el siglo XV había un Tratado que afirmaba que las mujeres solo podían leer lo escrito por sus maridos cuando estuvieran solas y para cualquier otra lectura debían estar acompañadas. Aún así hubo mujeres como Cristina de Pizan que escribió una obra de referencia, la primera obra feminista moderna: La ciudad de las mujeres, un tratado donde ya habla de temas como la violación, la igualdad entre mujeres y hombres y el acceso al conocimiento por parte de las mujeres.

Humanistas y filósofos como el español Juan Luis Vives, en el siglo XVI, aconsejaba a los maridos que impidieran que las mujeres e hijas leyeran, ya que según él carecían de juicio. Siguieron su estela el celebérrimo Jean Jacques Rousseau, que no dejó de ser un misógino. En el último capítulo de su obra El Emilio, dedicado a Sofía, la mujer ideal, se muestra a favor de que la mujer viva en la esfera privada y se dedique durante su vida a agradar y satisfacer a los hombres. En cambio, quedaron en más en la sombra pensadores como François Paulin de la Barre o el Marqués de Condorcet que defendían la igualdad de las mujeres en la sociedad. Son los tiempos de las cazas de brujas pero también el de la aparición de algunos clubs de lecturas, surgido a raíz de mujeres que se juntaban para hablar mientras hilaban y bordaban.

ilustracionLa figura de lectora ya había empezado a tomar cierta entidad y en el siglo XVII las mujeres empiezan a acceder a la lectura, aunque siempre con limitaciones, y todavía con muchas lecturas religiosas. En el siglo XVIII son imprescindibles las obras de Olympe de Gauges que escribió Los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791 como réplica a los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, que a pesar de lo que muchos quisieron afirmar no incluía los derechos de las mujeres. También fue importante la contribución de Mary Wollstonecraft con la Vindicación de los derechos de la mujer en 1792, en parte una respuesta en clave feminista al Emilio de Rousseau del que se sintió profundamente decepcionada al leer el capítulo dedicado a Sofía. La pensadora afirmaba que la mujer no era inferior al hombre sino que no se le había dado la misma educación.

Un siglo después, se empezaba a estudiar la mujer como cuestión social. También aparecen filósofos, como John Stuart Mill, el cual reivindica la igualdad de las mujeres en El sometimiento de las mujeres. En sus pensamientos influyeron las ideas feministas que le transmitía Harriet Taylor. Las mujeres viven una época en que no encuentran su lugar en el mundo, sometidas por el patriarcado y empiezan a aparecer enfermedades como la anorexia y a diagnosticar a muchas mujeres como histéricas cuando realmente el patriarcado era el origen de sus problemas. Un ejemplo lo encontramos en Alice James, cuyo diario dejó con la boca abierta a sus hermanos Henry y William o en Charlotte Perkins Gilman a la que los médicos le prohibieron leer y escribir porque la vida intelectual le perjudicaba, algo que se negó a aceptar. El papel amarillo es un relato imprescindible suyo que refleja la situación de muchas mujeres.

remediosYa en el siglo XX, se produce, como dice Ángeles Cabré, una democratización de la lectura y aparecen grandes lectoras y escritoras como Virginia Woolf que reivindica una habitación propia para las mujeres. Recordemos que hasta ahora la vida se hacía en un lugar común y, por ejemplo, no fue fácil para Jane Austen escribir sus novelas en un salón lleno de ruido, entre el trasiego familiar y las visitas de conocidos a la casa. Otros nombre importantes son el de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, la estadounidense Anais Nïn, la chilena Gabriel Mistral o la argentina Alfonsina Storni. En España se creó el Lyceum Club en 1926 y funcionó hasta 1939, una asociación para mujeres, la élite cultural, que disponía de tiempo y medios debido a su ambiente familiar y su nivel de educación para estas actividades. Estuvo compuesto por mujeres tan importantes para nuestra historia y olvidadas como María de Maeztu, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Concha Méndez o María Teresa de León.

En la actualidad hay más mujeres lectoras que hombres pero se sigue leyendo, en gran medida, con una mirada masculina. Se visibilizan pocos nombres de escritoras y los hombres, la sociedad, infravalora lo escrito por las mujeres, etiquetándolo de manera despectiva como femenino únicamente porque no se ajusta al patrón masculino. El mejor libro escrito por una mujer siempre va a ser peor valorado que el peor escrito por un hombre. Existen gran cantidad de autoras, con estilos muy diferentes que nos permite hacernos una idea de la diversidad, siempre buena, con la que contamos. Estos son algunos (que no todos): Margaret Atwood, Chimamanda Ngozi Adichie, Marcela Serrano, Virginie Despentes, Gioconda Belli, Paloma Bravo, Alice Munro, Belén Gopequi, Caitlin Moran, Toni Morrison, Elfriede Jelinek, Iztiar Ziga y un largo etc.

Es necesario seguir leyendo, con mirada feminista, ser reflexiva y crítica, cuestionar a través de la lectura los valores patriarcales y sexistas que nos imponen. Por este motivo surge, con el auge de los clubs de lectura, y como en otras tantas ciudades, el primer Club de lectura feminista de Guadalajara, dentro de la Asociación de La Maraña, un club participativo y abierto. Hace falta continuar la lucha y la reivindicación, también a través de la cultura, y más concretamente de la literatura, relegada en muchas ocasiones al último lugar, porque debemos comprometernos, no aceptar sin más el poder y los cánones establecidos y dar espacio a otros valores alternativos más igualitarios y justos para mujeres y hombres.

Busquemos, como dice la poetisa mexicana Rosario Castellanos en su poema Meditación en el umbral, un mundo menos sórdido para las mujeres.

Leamos. Cuestionemos. Sigamos cambiando el mundo.

*Publicado originalmente en el blog del Club de Lectura feminista de la Asociación La Maraña

Tea Rooms. Mujeres obreras

Tea Rooms. Mujeres obreras, escrita por Luisa Carnés en 1934 es una novela descubierta y editada recientemente, con gran acierto, por Hoja de Lata. Sólo lamento que haya llevado tanto tiempo redescubrirla y darle el valor que se merece.

carnesLuisa Carnés fue una escritora de la Generación del 27, invisibilizada como tantas otras asociada a la narrativa social de la preguerra. Nació dentro de una familia obrera y su experiencia vital se reflejó en muchas de sus novelas donde recoge la situación social de dicha clase y en particular de las mujeres.

Marca muy bien la diferencia de clase a través de pasajes tan significativos como que se ha consolidado esa definición de sociedad que dice «los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior» o la preferencia de las mujeres pobres y obreras del invierno al verano porque «ve el temor la proximidad de los días radiantes de ese sol enemigo que descubre el zapato informe, que ilumina cada deterioro del atavío con la precisión del reflector a la estrella».

Matilde es una joven protagonista de la novela, que recorre las calles de Madrid en busca de trabajo con cuyo salario poder ayudar a su familia. Es contratada en un salón de té donde trabaja junto a otras mujeres. A través de las miradas de todas ellas nos vemos inmersas en las distintas situaciones y vicisitudes a las que se tieluisanen que enfrentar, cada una con su propia idiosincrasia y sus herramientas. Encontramos la mujer católica, la «moderna», la estoica y, por supuesto, la rebelde, encarnada en Matilde que reniega del funcionamiento de la sociedad.

Es una novela que cada línea, cada párrafo ofrece mucho para analizar y reflexionar. Desde la explotación laboral (se trabajaba los domingos por el mismo salario, los ingresos eran para el empresario) y el acoso por parte de hombres con poder a sus empleadas (miradas de escote), pasando por la cuestión de la maternidad, el trabajo en el hogar hasta la división de clases (ricos y pobres), la religión, fatalista para la mujer obrera, y la solidaridad entre iguales (necesidad de organización colectiva para salarios y condiciones laborales justas).

Es decir, Luisa Carnés es crítica con el sistema, con la desigualdad social y la discriminación hacia las mujeres. Es una novela original, con gran fuerza narrativa, de estructura sencilla, innovadora para su época y con gran vigencia actual puesto que encontramos numerosas situaciones y discursos que bien nos podría estar sucediendo a cualquiera de nosotras.

Una lectura imprescindible.

Maternidades subversivas

“Ser o no ser.. madre”. Esa es la cuestión.

No soy madre y, reconozco que siempre me ha dado miedo por eso que dice Rosario Hernández en el prólogo de Maternidades subversivas de  María LLopis y publicado por la editorial Txalaparta:  no tener hijos para ser siervos del patriarcado, ni del Estado ni del Capitalismo. Ni mis hijas, ni yo. Así es porque como dice Irati Fernández “la maternidad no puede ser interpretada solamente como un hecho biológico, sino que sobre todo debe ser abordada como un hecho social, cultural  e incluso político”

No quiero verme sumergida en una vida de sacrificio, renuncias y malestares que pueden venir desde la presión por ser la madre que se supone que tengo que ser o por la falta de apoyo por serlo como yo deseo.

Conocía a Maria Llopis (no en persona) por su anterior libro El postporno era eso. Me gustó, en general, el trabajo y el punto de vista de esta licenciada en Bellas Artes y artista con claras intenciones políticas feministas y quise saber qué opinaba ella, y otras mujeres/hombres de otro tipo de maternidades.

En Maternidades subversivas, a través de diferentes entrevistas, podemos tomar un primer contacto con diferentes aspectos de la maternidad, el parto o la crianza como la crianza compartida, la teta anticapitalista, la ecosexualidad, el aborto espontáneo, los peligros del amor romántico, el poliamor, la sexualidad infantil, el aspecto espiritual, el parto orgásmico, etc. Toda una ruptura con el sistema y con la idea de qué es ser mujer y cómo cumplir con los mandatos.

libroDesconozco si algún día seré madre, pero sí puedo decir que este libro me parece revelador. Obtenemos una idea un tanto revolucionaria sobre ser madre. Revolucionaria en el sentido de que ataca a las normas del heteropatriarcado y del capitalismo e intenta romper moldes. Lo más valioso del libro es que sirve como antídoto al modelo patriarcal  que nos viene impuesto de ser madre. No es tanto reivindicar una maternidad como mejor que otra, sino la posibilidad  de que cada mujer se sienta libre de parir o no, de hacerlo como crea más conveniente, de criar a su manera, sin que por ello se sienta juzgada.

Creo que el conflicto entre diferentes feminismos, entre ser madre, no serlo, entre el determinismo biológico y los aspectos culturales seguirá siendo motivo de discusión y “lucha” y esperemos que en beneficio de las mujeres. Eso sí, independientemente de esos conflictos tenemos que ser respetuosas con la libertad para elegir.Hay opciones, diversas, y todas son válidas.

Otro libro, sobre maternidades, publicado este año 2016 y que causará revuelo es Madres arrepentidas de Orna Donath, aún no lo he leído pero puede ser un complemento perfecto a éste.