La bastarda. Trifonia Melibea Obono

Conocemos otras como Chimamanda Ngozi, Yaa Gyasi o Nadime Gordimer pero nos llegan con cuentagotas y, a veces, hasta nos pueden pasan desapercibidas. Recientemente Casa África y la editorial Baile del Sol han publicado una antología en castellano de escritoras africanas de habla inglesa, titulado Ellas [también] cuentan un libro que esperemos que devuelva, en parte, lo que se merecen, muchísimas escritoras del continente africano.

El libro que tengo entre manos y que he terminado de leer hace poco es  La bastarda  de Trifonia Melibea Obono,  escritora de Guinea Ecuatorial.

Trifonia Melibea es una escritora joven, nacida en 1986, periodista y politóloga. Empezó a escribir hace mucho tiempo, cuando en la infancia se hacía preguntas sobre por qué ella no podía hacer ciertas cosas, aunque no haya sido hasta hace poco cuando se han publicado sus libros.

Melibea-Obono_2La escritora guineana habló ya en 2016, en una mesa redonda sobre diversidad afectivo-sexual en el Centro Cultural de España en Malabo, de la dificultad que existe en su país para vivir y disfrutar libremente de una sexualidad diferente a la normativa. De hecho, muchas personas tienen que mentir y llevar una doble vida, afirma.

La bastarda es una breve novela, bien escrita, que se lee con fluidez, una novela feminista que visibiliza temas complicados de sacar a la luz en determinadas culturas como son la presión de la tradición, la homosexualidad y el control sobre las mujeres.

Cv8VEZVXgAUmUdmLa novela está ambientada en Guinea Ecuatorial. La protagonista, Okomo, pertenece a la etnia fang. A través de la joven conoceremos las costumbres y tradiciones de esta etnia así como las diferentes presiones y dificultades a las que tiene que enfrentarse.

En este caso, Okomo, lo tiene doblemente difícil por ser mujer y bastarda (su madre murió en el parto y desconoce quién es el padre) y por sentirse atraída por las mujeres. Esta dificultad es mayor porque en muchas culturas africanas el ser homosexual ni siquiera se considera, se piensa que es un mal proveniente de la cultura occidental.

En la etnia fang si existe una palabra para el hombre homosexual: “hombre-mujer” pero para el caso de la mujer no existe un término con que nombrarla, por lo tanto, existe una doble invisibilidad para las mujeres.

Con la historia de Okomo se cruzan otras historias que le dan forma al libro y nos hacen reflexionar sobre otras costumbres arraigadas en la etnia fang como la poligamia y la brujería.

Personalmente, creo que se trata de un libro con fuerza, del que se pueden extraer muchas conclusiones y que recomiendo su lectura puesto que como se comenta en su introducción es novedoso porque lo escribe una mujer, es feminista y militante y habla abiertamente de la homosexualidad en África.

Bastarda yo, una mujer fang; bastarda yo la hija de una soltera fang; bastarda yo, lesbiana. Con esta cita al comienzo del libro se resume la potencia del libro y los ejes sobre los que se mueve.

 

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La mujer en el sur

La mujer en el Sur es un libro de relatos dentro de un proyecto de la Asamblea de Cooperación de la Paz (ACPP) que además incluye un video y una exposición fotográfica.

Los relatos, acompañados también de una ilustraciones maravillosas, fueron escritos por mujeres de 13 países diferentes (Palestina, Israel, Túnez, Marruecos, Mauritania, España, Guinea Bissau, Senegal, Haití, República Dominicana, Honduras y El Salvador) y a través de su mirada pretenden mostrar la situación de las mujeres en diversos países considerados del sur. Se trata de una muestra diversa que nos acerca a las diferencias y semejanzas en los problemas, dificultades, discriminaciones y abusos que sufren las mujeres en distintas partes del mundo.

Las mujeres, por el mero hecho de serlo, viven en condiciones de desigualdad respecto a los hombres, privilegiados. Las primeras luchan por romper las relaciones de poder que las someten. Pero además, entran en juego otros elementos que no se pueden ignorar que van desde la posición social, el aspecto físico, la religión, hasta las guerras o la raza.

Durante la lectura de estos relatos podemos ser conscientes de diferentes problemáticas. En los relatos de las autoras de Palestina e Israel, por ejemplo, se habla de las guerras. Las mujeres tienen que hacer frente no sólo al miedo al otro y al diferente, aunque se aprecia la solidaridad entre mujeres (que también surge entre las mujeres saharauis que organizan sus campamentos y buscan su derecho a que se reconozca su identidad), sino además luchar porque evitar que su cuerpo se convierta en un campo de batalla, algo que sucede en todas las guerras.

Otros relatos, como el de Marruecos nos acerca al cruce de culturas y a la mutilación genital femenina que padecen cerca de tres millones de mujeres en el mundo y que muchas mujeres como Fátima Djarra, de Guinea Bissau (uno de los países que más la sufren), intentan erradicar a través del activismo, concretamente dentro de la Asociación Flor de África en Navarra.

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La mujer como responsable de las tareas domésticas y su papel de cuidadora es otra de las cuestiones claves que sale a relucir en los relatos de Túnez o Guinea Bissau o las continúas violencias sexuales y de género que sufren las mujeres en Mauritania u Honduras así como la visión de la mujer destinada a complacer al hombre en el matrimonio en lugares como Haití o Senegal, algo íntimamente relacionado con los matrimonios forzosos, incluso con niñas, que se conciertan en muchos países del mundo.

Estos temas, junto a otros no menos importantes, como el acaparamiento de tierras en Nicaragua, la poligamia en Senegal, la falta de educación en República Dominicana (y el interés de muchas mujeres por acceder a ellas) nos dan, como decíamos, una visión general de cómo es la situación de la mujer en determinados países, sin una mirada externa.

Estas y otras mujeres, lejos de victimizarse luchan cada día por crear un mundo mejor y más igualitario para ellas y sus compañeras. Se organizan y surgen proyectos de empoderamiento relacionados con la participación en la economía, en la política, en la educación y en el activismo por los derechos de las mujeres.

Conocida es la lucha que llevó a cabo Malala Yousafzai, una niña pakistaní para que las niñas tuvieran derecho a la educación. En el libro autobiográfico Yo soy Malala podemos de conocer de primera mano sus reivindicaciones y los ataques que sufrió por ello. Otro proyecto interesante que se han llevado en distintas zonas de África como Guinea Bissau o Kivu Sur, una región del Congo es el de empoderar haciendo radio. En la entrevista que Elisa García Mingo realiza a la activista congoleña Caddy Adzuba en el libro Micrófonos de paz podemos hacernos una idea del funcionamiento y de la utilidad de este tipo de proyectos. Y también es interesante que haya novelas publicadas como La bastarda de Trifonia Melibea Obono, de Guinea Ecuatorial, donde se abordan temas como el peso del patriarcado y de las tradiciones y los valores y cómo estos limitan la libertad y emancipación de las mujeres; además se muestra también lo mal visto de la homosexualidad (la de las hombres porque la de las mujeres ni siquiera es algo que se contemple como posible, lo que resulta más duro aún).

En definitiva, este conjunto de relatos nos permiten ampliar nuestra mirada a la vida, dificultades y también a la diversidad y a los proyectos de otras mujeres en el mundo. La lucha por la igualdad continúa.

*Publicado originalmente en el blog del Club de Lectura Feminista de la Asociación La Maraña.

La señora Dalloway. Virgina Woolf

woolfEn una sociedad victoriana hermética y de ideas conservadoras, la escritora Virginia Woolf (1882-1941) consiguió sobresalir con su talento y, además, ser reconocida como una gran intelectual en su propia época. Escribió novelas, ensayos, cuentos y fue una gran oradora.

Bien es cierto que era una época en la que hacía falta pertenecer a una clase acomodada para acceder a la cultura, aunque era más difícil para las mujeres (en una ocasión le negaron la entrada a la biblioteca porque las mujeres solo podían entrar acompañadas o con una carta de presentación). Woolf no fue al colegio pero sí que recibió formación en casa y tuvo acceso a libros que le facilitó adquirir conocimientos. Sin embargo, vivió también momentos duros. Su madre murió cuando ella tenía trece años y dos años más tarde, lo hizo una de sus hermanas. También sufrió abusos sexuales de uno de sus hermanastros, hechos que pudieron marcarla profundamente e influir en las continuas depresiones que padeció desde joven.

Estamos ante una mujer adelantada a su tiempo que perteneció a un club selecto de intelectuales, el Círculo Bloomsbury, creó junto a su marido su propia imprenta y mantuvo un matrimonio abierto al tener relaciones con mujeres; la más conocida fue su amante Vitta Sacke-Ville, en quien se basó para escribir su famosa novela Orlando.

Fue una escritora innovadora que intentó romper los férreos moldes de la época no sólo mediante sus historias sino también con un lenguaje innovador que escapaba al férreo control de las normas sociales. Es considerada una de las pioneras en la utilización del flujo interior de los personajes con gran brillantez como herramienta de narración, técnica que se aprecia especialmente en su novela Las Olas pero también en La señora Dalloway. También introdujo temas novedosos y provocadores en su tiempo como la homosexualidad, la sexualidad en Orlando, la transexualidad en Flush, la masculinidad y la guerra en Tres Guineas o la independencia de las mujeres en Un cuarto propio.

La señora Dalloway, publicada en 1925, tres años antes de que el sufragismo alcanzara su éxito en Gran Bretaña y que se menciona sutilmente en la novela, es su cuarta obra. La protagonista es Clarissa Dalloway, una mujer de la alta sociedad que está preparando una fiesta. La novela transcurre en único día y a lo largo de él nos encontramos con las reflexiones de Clarissa sobre su vida y sobre una relación amorosa anterior y con numerosos personajes, algunos que se conocen entre ellos, otros, que se cruzan casualmente en el camino a través de elementos ambientales y espaciales, como las campanadas del Big Ben o un parque londinense y que configuran la idiosincrasia y funcionamiento de la sociedad londinense del período de entre-guerras. Una sociedad dura y elitista que solo mira con buenos ojos a una clase social adinerada, que obedece a unas normas sociales muy rígidas y donde se percibe claramente la lucha y la diferencia de clases.

Encontramos mujeres que sufren, que se sienten encorsetadas en el debe-ser que la sociedad les impone, como la propia señora Dalloway, y del que les gustaría escapar. Existe un único modelo de mujer, estereotipo del que no está permitido salir y se espera la dependencia, la debilidad y la complacencia a los hombres. Además, se trata de una sociedad que ve con malos ojos la sexualidad fuera de la norma que son las relaciones hombres-mujeres. Las mujeres sienten atracción por otras mujeres pero se inhiben ante algo que está prohibido y que la sociedad condena.

Es interesante el tratamiento de las enfermedades mentales en la novela. La propia Woolf sufrió trastornos bipolares que la llevaron finalmente al suicidio. A través de Septimus Warren Smith, uno de los personajes de la novela, y el alter ego de Virginia Woolf, asistimos a una queja abierta del tratamiento que reciben las personas enfermas por parte de los médicos. La negación del derecho a tomar decisiones sobre sí mismos y su falta de autonomía, situación que la escritora pudo vivir en carne propia y que otras escritoras como Charlotte Perkins-Gilman en El papel pintado de amarillo y Janet Frame en la autobiografía Un ángel en mi mesa también trataron.

Nos hallamos, por tanto, ante el retrato de una sociedad violenta contra las mujeres y contra las clases sociales que no se consideran de la alta sociedad. Una violencia que se ejerce a través de las leyes. Una sociedad que considera a los otros un peligro. Virginia Woolf es capaz de mostrarnos a través de pensamientos, miedos, emociones y reflexiones entrelazadas una sociedad que califica de enfermas a quienes no cumplen los mandatos sociales cuando es la sociedad la que está realmente enferma.

La señora Dalloway, aunque sea una novela densa y compleja, quizás difícil en algunos momentos, es de imprescindible lectura ya que de ella se extraen temas de debate entorno a cuestiones feministas que hoy día continúan de actualidad. Por su parte, Virginia Woolf continúa siendo un referente del feminismo y su gran logro fue ser considerada , lo que es, un genio y no una musa.

*Publicado originariamente en blog del Club de lectura feminista de la Asociación La Maraña

Mujeres que leen, mujeres que escriben contra la opresión

El ámbito literario es un campo de batalla, otro más, en el que las mujeres luchamos contra la opresión que el patriarcado ejerce sobre nosotras. La lectura, en mayor o menor medida, otorga conocimientos, independencia, libertad, capacidad de decisión. Los hombres han intentado evitar, hasta hace relativamente poco, que las mujeres leyéramos o escribiéramos. Lo consideraban innecesario, pensaban que éramos incapaces o que tal actividad nos volvería locas. Simplemente tenían miedo de perder sus privilegios en la sociedad. La lectura era peligrosa para las mujeres, decían. Una excusa para continuar sometiéndonos y mantener una relación de poder sobre nosotras. Al mismo tiempo, ejercieron violencia (y se continúa) al crear referentes estereotipados, sumisos, dependientes y no libres.

Sin embargo, las mujeres siempre hemos buscado el modo de escapar al control que el patriarcado nos ha impuesto, de rebelarnos contra el poder establecido y contra el papel que nos han asignado en la sociedad en contra de nuestra voluntad.

En la China antigua, en Hunan, las mujeres crearon un lenguaje secreto, el nushu, para poder hablar entre ellas ya que el lenguaje escrito por hombres lo tenían vedado. Era su forma de comunicarse y darse consejos sin que los hombres se enteraran.

chinaPoco interés ha habido en dar a conocer a Murasaki Shikibu, escritora japonesa del siglo XI que escribió Genji Monagatari, considerada la primera novela, tal como hoy la concebimos, de la historia.

En la Edad Media se leían libros religiosos y sagrados y aunque bien es cierto que la cultura estaba en manos de la Iglesia y de las clases nobles o la corte, también destacaron mujeres en los scriptoriums. Conocida es Hildegard de Bingen, autora de libros visionarios, tratados científicos, médica y compositora o Eloísa de Paracleto, mujer excepcionalmente culta y erudita.

En el siglo XV había un Tratado que afirmaba que las mujeres solo podían leer lo escrito por sus maridos cuando estuvieran solas y para cualquier otra lectura debían estar acompañadas. Aún así hubo mujeres como Cristina de Pizan que escribió una obra de referencia, la primera obra feminista moderna: La ciudad de las mujeres, un tratado donde ya habla de temas como la violación, la igualdad entre mujeres y hombres y el acceso al conocimiento por parte de las mujeres.

Humanistas y filósofos como el español Juan Luis Vives, en el siglo XVI, aconsejaba a los maridos que impidieran que las mujeres e hijas leyeran, ya que según él carecían de juicio. Siguieron su estela el celebérrimo Jean Jacques Rousseau, que no dejó de ser un misógino. En el último capítulo de su obra El Emilio, dedicado a Sofía, la mujer ideal, se muestra a favor de que la mujer viva en la esfera privada y se dedique durante su vida a agradar y satisfacer a los hombres. En cambio, quedaron en más en la sombra pensadores como François Paulin de la Barre o el Marqués de Condorcet que defendían la igualdad de las mujeres en la sociedad. Son los tiempos de las cazas de brujas pero también el de la aparición de algunos clubs de lecturas, surgido a raíz de mujeres que se juntaban para hablar mientras hilaban y bordaban.

ilustracionLa figura de lectora ya había empezado a tomar cierta entidad y en el siglo XVII las mujeres empiezan a acceder a la lectura, aunque siempre con limitaciones, y todavía con muchas lecturas religiosas. En el siglo XVIII son imprescindibles las obras de Olympe de Gauges que escribió Los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791 como réplica a los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, que a pesar de lo que muchos quisieron afirmar no incluía los derechos de las mujeres. También fue importante la contribución de Mary Wollstonecraft con la Vindicación de los derechos de la mujer en 1792, en parte una respuesta en clave feminista al Emilio de Rousseau del que se sintió profundamente decepcionada al leer el capítulo dedicado a Sofía. La pensadora afirmaba que la mujer no era inferior al hombre sino que no se le había dado la misma educación.

Un siglo después, se empezaba a estudiar la mujer como cuestión social. También aparecen filósofos, como John Stuart Mill, el cual reivindica la igualdad de las mujeres en El sometimiento de las mujeres. En sus pensamientos influyeron las ideas feministas que le transmitía Harriet Taylor. Las mujeres viven una época en que no encuentran su lugar en el mundo, sometidas por el patriarcado y empiezan a aparecer enfermedades como la anorexia y a diagnosticar a muchas mujeres como histéricas cuando realmente el patriarcado era el origen de sus problemas. Un ejemplo lo encontramos en Alice James, cuyo diario dejó con la boca abierta a sus hermanos Henry y William o en Charlotte Perkins Gilman a la que los médicos le prohibieron leer y escribir porque la vida intelectual le perjudicaba, algo que se negó a aceptar. El papel amarillo es un relato imprescindible suyo que refleja la situación de muchas mujeres.

remediosYa en el siglo XX, se produce, como dice Ángeles Cabré, una democratización de la lectura y aparecen grandes lectoras y escritoras como Virginia Woolf que reivindica una habitación propia para las mujeres. Recordemos que hasta ahora la vida se hacía en un lugar común y, por ejemplo, no fue fácil para Jane Austen escribir sus novelas en un salón lleno de ruido, entre el trasiego familiar y las visitas de conocidos a la casa. Otros nombre importantes son el de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, la estadounidense Anais Nïn, la chilena Gabriel Mistral o la argentina Alfonsina Storni. En España se creó el Lyceum Club en 1926 y funcionó hasta 1939, una asociación para mujeres, la élite cultural, que disponía de tiempo y medios debido a su ambiente familiar y su nivel de educación para estas actividades. Estuvo compuesto por mujeres tan importantes para nuestra historia y olvidadas como María de Maeztu, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Concha Méndez o María Teresa de León.

En la actualidad hay más mujeres lectoras que hombres pero se sigue leyendo, en gran medida, con una mirada masculina. Se visibilizan pocos nombres de escritoras y los hombres, la sociedad, infravalora lo escrito por las mujeres, etiquetándolo de manera despectiva como femenino únicamente porque no se ajusta al patrón masculino. El mejor libro escrito por una mujer siempre va a ser peor valorado que el peor escrito por un hombre. Existen gran cantidad de autoras, con estilos muy diferentes que nos permite hacernos una idea de la diversidad, siempre buena, con la que contamos. Estos son algunos (que no todos): Margaret Atwood, Chimamanda Ngozi Adichie, Marcela Serrano, Virginie Despentes, Gioconda Belli, Paloma Bravo, Alice Munro, Belén Gopequi, Caitlin Moran, Toni Morrison, Elfriede Jelinek, Iztiar Ziga y un largo etc.

Es necesario seguir leyendo, con mirada feminista, ser reflexiva y crítica, cuestionar a través de la lectura los valores patriarcales y sexistas que nos imponen. Por este motivo surge, con el auge de los clubs de lectura, y como en otras tantas ciudades, el primer Club de lectura feminista de Guadalajara, dentro de la Asociación de La Maraña, un club participativo y abierto. Hace falta continuar la lucha y la reivindicación, también a través de la cultura, y más concretamente de la literatura, relegada en muchas ocasiones al último lugar, porque debemos comprometernos, no aceptar sin más el poder y los cánones establecidos y dar espacio a otros valores alternativos más igualitarios y justos para mujeres y hombres.

Busquemos, como dice la poetisa mexicana Rosario Castellanos en su poema Meditación en el umbral, un mundo menos sórdido para las mujeres.

Leamos. Cuestionemos. Sigamos cambiando el mundo.

*Publicado originalmente en el blog del Club de Lectura feminista de la Asociación La Maraña

Tea Rooms. Mujeres obreras

Tea Rooms. Mujeres obreras, escrita por Luisa Carnés en 1934 es una novela descubierta y editada recientemente, con gran acierto, por Hoja de Lata. Sólo lamento que haya llevado tanto tiempo redescubrirla y darle el valor que se merece.

carnesLuisa Carnés fue una escritora de la Generación del 27, invisibilizada como tantas otras asociada a la narrativa social de la preguerra. Nació dentro de una familia obrera y su experiencia vital se reflejó en muchas de sus novelas donde recoge la situación social de dicha clase y en particular de las mujeres.

Marca muy bien la diferencia de clase a través de pasajes tan significativos como que se ha consolidado esa definición de sociedad que dice «los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior» o la preferencia de las mujeres pobres y obreras del invierno al verano porque «ve el temor la proximidad de los días radiantes de ese sol enemigo que descubre el zapato informe, que ilumina cada deterioro del atavío con la precisión del reflector a la estrella».

Matilde es una joven protagonista de la novela, que recorre las calles de Madrid en busca de trabajo con cuyo salario poder ayudar a su familia. Es contratada en un salón de té donde trabaja junto a otras mujeres. A través de las miradas de todas ellas nos vemos inmersas en las distintas situaciones y vicisitudes a las que se tieluisanen que enfrentar, cada una con su propia idiosincrasia y sus herramientas. Encontramos la mujer católica, la «moderna», la estoica y, por supuesto, la rebelde, encarnada en Matilde que reniega del funcionamiento de la sociedad.

Es una novela que cada línea, cada párrafo ofrece mucho para analizar y reflexionar. Desde la explotación laboral (se trabajaba los domingos por el mismo salario, los ingresos eran para el empresario) y el acoso por parte de hombres con poder a sus empleadas (miradas de escote), pasando por la cuestión de la maternidad, el trabajo en el hogar hasta la división de clases (ricos y pobres), la religión, fatalista para la mujer obrera, y la solidaridad entre iguales (necesidad de organización colectiva para salarios y condiciones laborales justas).

Es decir, Luisa Carnés es crítica con el sistema, con la desigualdad social y la discriminación hacia las mujeres. Es una novela original, con gran fuerza narrativa, de estructura sencilla, innovadora para su época y con gran vigencia actual puesto que encontramos numerosas situaciones y discursos que bien nos podría estar sucediendo a cualquiera de nosotras.

Una lectura imprescindible.

Vernon Subutex. Virginie Despentes

Escuchar el nombre de Virginie Despentes es mencionar a un referente del feminismo. Su Teoría King Kong es un referente, un clásico, un imprescindible.

Vernon Subutex es su última novela, la primera de una trilogía. En Francia ha sido un gran éxito. Sin embargo, creo que comparado con otros, resulta un libro bastante flojo e insulso.

vernon.jpgNarra la historia de un hombre, que ha pasado de vivir de las ventas en su tienda de discos, a quedarse sin trabajo y sin casa. Es una situación bastante habitual, no sólo en Francia, sino también en otros países como España. Llama la atención el protagonista masculino, algo novedoso en Despentes. En una entrevista ha comentado que el hecho de poner a una mujer en esta situación, es decir, una mujer en la calle, no hubiera resultado tan guay.

El protagonista no parece tan cool, como dice ella. Resulta un tipo que vaga y que de alguna manera va viendo qué puede sacar de las mujeres, aunque aparente que sean ellas las que se acercan a él.

Desde mi punto de vista, esta afirmación por un lado, me lleva a pensar que en la mente de los lectores hay pensamientos sexistas puesto que como en otros tantos aspectos, la misma cosa está vista con mejores ojos en hombres que en mujeres. Por otro lado, me sorprende de una mujer transgresora e independiente que parece que busca, en este caso, cierta aprobación… o cierto éxito literario.

Es cierto que en la novela no falta esa parte que se encuentra en los márgenes. Aparecen transexuales, lesbianas, chicas que llevan velo pero, en mi opinión, no tienen demasiada entidad.

Es un libro que cuesta leer, que se hace pesado en sus dos terceras partes, menos al final. Quizás su éxito radique en esa identificación por gran parte de la población con la posibilidad de tenerlo todo: casa, trabajo, amigos, familia, a no tener nada.

Espero nuevos libros de Virginie Despentes pero más en la línea del nombrado Teoría King Kong, Fóllame o Bye bye Blondie.

Anti San Valentín: No es amor eso que dices

Oye, que el amor no es eso que dices.
¿El qué? —preguntó Raúl.
Matar dragones, acabar con invasores y conquistar castillos por una damisela.
Querías saber si te quería. Ahí tienes tu respuesta. Todo eso haría por ti.

blancanievesSi eso es quererme, quizás entonces sea yo la que no te quiera. Si tú eres un aventurero, entonces ¿se supone que yo soy la princesa que espera limpiando el horno, echándose la siesta, cocinando pastel de manzana o arreglándome como a ti te gusta?

¿Pero qué dices?

Me estás contando cuentos. Me los sé: Blancanieves, La Bella Durmiente, Cenicienta, La Sirenita. ¡Cuentos bobos!

¡Qué cuentos ni qué historias! Te quiero, moriría por ti.

Eso no es amor. Si mueres por amor, no es amor. Eso es sufrimiento, dolor, pena, tristeza, falta de autoestima, qué sé yo. Si mueres por amor, no me quieres porque yo moriría porque tú mueres y entonces tampoco lo mío sería amor porque yo estaría sufriendo porque tú has sufrido. Los dos sufriendo, los dos muertos. Imposible que haya una pizca de amor.

No te entiendo. ¿Dices que no nos queremos?

Digo que me planteo si yo te quiero si tú me quieres de la manera que dices que me quieres.

Laura, yo te quiero a mi manera.

¡¿Qué maneras?! Excusas para justificar que cualquier cosa es amor. ¿Cuál es tu manera?

Pues…

Dudas. Ni lo sabes.

Espera, no seas impaciente. Te quiero… simplemente, te quiero. Eres mi novia.

¿Ves? Pero, ¿lo ves? «Eres mi novia» has dicho.

Sí, ¿y qué?

candado¿Cómo puedo ser tuya? ¿Soy acaso una mesa, un ordenador, un pantalón? ¿Tienes ticket de compra? ¡Enséñamelo! Eso no es amor.

¿No eres mi pareja?

No soy tuya, no soy de nadie.

Ya.

«Ya» no. Lo has dicho. Si dices eso no me quieres aunque tú pienses que me quieres. ¿Por qué estás conmigo?

Porque te amo. Te lo he dicho cientos de veces. ¿No te basta?

Raúl, no sabes lo que quieres y no sabes si me quieres y…yo ya no sé si te quiero.

Ayer me querías.

Hoy no es ayer. Y el amor es muy viajero.

Escúchame, Laura. Te quiero. Mucho. Haría cualquier cosa por ti.

Sí, sí… lo dijiste antes: dragones, castillos y demás chorradas. ¿Dejarías la ciudad para ir a vivir a mi pueblo, aunque no te guste, sólo por mí?

Claro.

Eres tonto. Has visto muchas películas románticas. Eso no demuestra que me quieres. Eso demuestra que eres tonto. Y no quiero tener una relación con un tonto.

De acuerdo. Lo reconozco. No se me está dando bien. Estoy cansado. Lo dejamos.

¿El qué? ¿La discusión o la relación?

Laura, por favor.

Raúl, si no nos queremos no pasa nada. Lo dejamos con cariño y con respeto y tan felices.

¿Cómo que tan felices? ¿Cómo vamos a ser felices si rompemos nuestra relación?

Si rompemos la relación es porque no nos queremos. Si vivimos con alguien que no queremos no podemos ser felices, por lo tanto, romper la relación nos devolverá la felicidad. Es sencillo.

¿En serio estás diciendo lo que estás diciendo?

Claro. ¿O es que tienes miedo a estar solo?

No, pero quiero estar contigo.

¿De verdad? ¿Estás seguro? Puedes no querer reconocerte a ti mismo que no quieres estar solo pero quieres estar conmigo aunque no me quieras porque quieres creer que me quieres para no quedarte solo.

Yo creo que somos felices.

Pues yo pienso que la felicidad se nos fue en algún momento de esta conversación.

Podemos arreglarlo, Laura. Estoy dispuesto a cualquier cosa.

Dale. Cualquier día me matas. Con esa cabezonería de que soy tuya y que harías cualquier cosa por seguir conmigo.

¡Laura! Joder. Dime, ¿cómo quieres que te quiera?

Libre. Aunque no me convence que tenga que decirte cómo tienes que quererme.

Por favor…

Déjalo. Lo sabemos los dos. El amor ha hecho las maletas.

maleta

FIN

Mujeres, enfermedad y literatura

maquina.jpgLas mujeres, la enfermedad y la literatura tienen muchos nexos en común. Las primeras han visto desde hace siglos coartada su libertad, fruto del machismo y la desigualdad, y muchas han sufrido episodios anímicos depresivos o depresiones graves. En otros muchos casos, han intentado tacharlas de locas o histéricas o de no saber lo que querían, cuando podían estar más cuerdas y ser más inteligentes que muchos de los hombres que las diagnosticaban como tal. Las mujeres no han sido comprendidas a lo largo de la historia y ellas han recurrido a la literatura para expresarse y quizás para sentirse entendidas.

sylviaAunque seguramente habrá otras muchas obras y autoras me gustaría nombrar a tres: Sylvia Plath. Una escritora estadounidense nacida en 1932 que escribió La campana de cristal, una obra semi-autobiográfica que cuenta la vida de la protagonista, una mujer que nos va mostrando su inestabilidad emocional y su intento por hacer su vida.

Janet Frame, escritora neozelandesa nacida en 1924 tiene una obra, autobiográfica, en tres tomos titulada Un ángel en mi mesa, de la que la directora Jane janetCampion realizó una película con el mismo nombre. En este obra, la autora narra su vida desde su infancia y cuenta los años horribles en la que se la diagnosticó erróneamente con esquizofrenia, fue ingresada en un hospital y sometida a tratamientos muy duros. Escribir la ayudó a superar los momentos duros como este, y sus épocas de depresión.

Por último querría señalar El papel pintado amarillo de Charlotte Perkins-Gilman (Connecticut, 1860), socióloga, escritora y conferenciante. La escritora sufrió una depresión postparto con el nacimiento de su primer hijo, ésta fue aconcharlottesejada por un médico guardar reposo absoluto y dejar de escribir ya que no lo consideraba beneficioso. Algo que a ella la trastornaba mucho más porque lo que quería era escribir. De este incidente surgió el relato El papel pintado amarillo, una reivindicación feminista de cómo se trata y se considera a las mujeres.

¿Conocéis más libros que hablen sobre temas similares o con este enfoque?

 

Jóvenes y rebeldes… menos mal

chicaSer adolescente no es fácil. Ni ahora, ni en los años 80, ni en los 90 ni en el siglo XXI. Han pasado cerca de 20 años desde que yo fui joven y apuesto a que no hay mucha diferencia con las adolescentes de ahora. Seguimos con las mismas premisas, quizás con algunos cambios, propios de la adaptación a los tiempos. La presión de lo que otros esperan que seas (familia, amistad, escuela, sociedad, etc.) es muy duro. Creces con el rosa, las muñecas y las princesas Disney. Esperan de ti que seas una chica formal, dulce, callada, los demás determinan por ti que ropa te tiene que gustar llevar, qué música escuchar, cómo comportarte y todo para el que al final creas como propio el objetivo final en tu vida de conseguir un buen chico, que se convierta en tu marido y que tengáis hijos. A veces, quieres rebelarte y no puedes o no sabes cómo.

A veces, te sientes sola, puedes tener amigas, muchas o pocas, pero hay un momento de tu vida que te sientas incomprendida, alejada de la gente que te rodea, como si fueras una extraterrestre. No te gusta la ropa de Zara pero la compras. Escuchas música pop y regaetton pero si te lo plantearas quizás escucharías otro tipo de música. ¿Pero salir del molde? Quieres ser alguien diferente porque no te gusta lo que haces ni con quien estás pero quieres sentirte parte de un grupo.

¿Y qué sucede si no quieres ser lo que han elegido para ti? ¿Cuándo eliges ser tú misma?

Aquí os dejo cuatro libros donde las protagonistas son adolescentes o chicas jóvenes que rompen a su manera los moldes preestablecidos o que intentan salir del encorsetamiento en el que se encuentran. Reflexionan sobre ellas mismas, la amistad y el mundo que les rodea.

gopequiDeseo de ser punk de Belén Gopegui. Novela que comienza con una joven, Martina, que recibe la noticia de la muerte del padre de su amiga. A partir de ahí empieza a escribir una especie de diario íntimo. La música tiene un importante papel en la novela.

moranCómo se hace una chica de Caitlin Moran. Después de Cómo ser mujer, esta novela, con el mismo sentido del humor negro y ácido, su autora nos relata la vida de una adolescente, Johanna Morrigan que vive en un barrio de clase obrera y forma parte de una familia con pocos recursos. Su sueño: ser crítica musical.

partirPartir de Lucía Baskarán. Una joven se ha trasladado a Madrid con el objetivo de ser actriz de teatro. Con humor, la protagonista reflexiona sobre las ilusiones, el fracaso, el miedo y la depresión. Cómo la amistad y la familia pueden ser un apoyo para ponerte las pilas y rehacer tu vida.

clineLas chicas de Emma Cline. De momento, está siendo una novela con bastante éxito. Se trata de una versión libre sobre algunos asesinatos cometidos por unas chicas jóvenes que formaban parte de líder de una secta en los años 60, Charles Manson. Del mismo modo, que las otras, la soledad, la curiosidad, la necesidad de no ser invisible ante la sociedad lleva a la protagonista, Evie, a unirse a un grupo de chicas que llevan una vida muy diferente a la suya.

¿Conoces más libros donde las protagonistas sean adolescentes o chicas jóvenes?

Maternidades subversivas

“Ser o no ser.. madre”. Esa es la cuestión.

No soy madre y, reconozco que siempre me ha dado miedo por eso que dice Rosario Hernández en el prólogo de Maternidades subversivas de  María LLopis y publicado por la editorial Txalaparta:  no tener hijos para ser siervos del patriarcado, ni del Estado ni del Capitalismo. Ni mis hijas, ni yo. Así es porque como dice Irati Fernández “la maternidad no puede ser interpretada solamente como un hecho biológico, sino que sobre todo debe ser abordada como un hecho social, cultural  e incluso político”

No quiero verme sumergida en una vida de sacrificio, renuncias y malestares que pueden venir desde la presión por ser la madre que se supone que tengo que ser o por la falta de apoyo por serlo como yo deseo.

Conocía a Maria Llopis (no en persona) por su anterior libro El postporno era eso. Me gustó, en general, el trabajo y el punto de vista de esta licenciada en Bellas Artes y artista con claras intenciones políticas feministas y quise saber qué opinaba ella, y otras mujeres/hombres de otro tipo de maternidades.

En Maternidades subversivas, a través de diferentes entrevistas, podemos tomar un primer contacto con diferentes aspectos de la maternidad, el parto o la crianza como la crianza compartida, la teta anticapitalista, la ecosexualidad, el aborto espontáneo, los peligros del amor romántico, el poliamor, la sexualidad infantil, el aspecto espiritual, el parto orgásmico, etc. Toda una ruptura con el sistema y con la idea de qué es ser mujer y cómo cumplir con los mandatos.

libroDesconozco si algún día seré madre, pero sí puedo decir que este libro me parece revelador. Obtenemos una idea un tanto revolucionaria sobre ser madre. Revolucionaria en el sentido de que ataca a las normas del heteropatriarcado y del capitalismo e intenta romper moldes. Lo más valioso del libro es que sirve como antídoto al modelo patriarcal  que nos viene impuesto de ser madre. No es tanto reivindicar una maternidad como mejor que otra, sino la posibilidad  de que cada mujer se sienta libre de parir o no, de hacerlo como crea más conveniente, de criar a su manera, sin que por ello se sienta juzgada.

Creo que el conflicto entre diferentes feminismos, entre ser madre, no serlo, entre el determinismo biológico y los aspectos culturales seguirá siendo motivo de discusión y “lucha” y esperemos que en beneficio de las mujeres. Eso sí, independientemente de esos conflictos tenemos que ser respetuosas con la libertad para elegir.Hay opciones, diversas, y todas son válidas.

Otro libro, sobre maternidades, publicado este año 2016 y que causará revuelo es Madres arrepentidas de Orna Donath, aún no lo he leído pero puede ser un complemento perfecto a éste.