Apegos feroces. Vivian Gornick

Según el diccionario de la RAE que el apego es la afición o inclinación hacia alguien o algo. Apego, en el ámbito psicológico, sería un vínculo emocional, duradero, intenso y cercano que se establece entre dos personas. Está muy relacionado con los primeros meses en la relación entre una madre y su hija pero también se establecen este tipo de vínculos en la edad adulta.

9788416677399Apegos feroces de Vivian Gornick ha sido elegido este año 2017 Libro del Año por el Gremio de Libreros de Madrid aunque no lo comentamos en este blog por este motivo sino, porque independientemente del premio, es un buen libro que explora las relaciones madre-hija, que remueve por dentro y cuya traducción al castellano llega 30 años después de ser publicado por primera vez.

La literatura, como dice Laura Freixas, no ha sido muy generosa a la hora de abordar este tipo de temas. De hecho, Freixas fue una de las primeras en tratarlos mediante libros como Madre e hijas donde se recopilan relatos de diferentes autoras que abordan lo que sucede entre las madres y sus hijas.

Por su parte, Vivian Gornick en estas memorias nos muestra la relación con su madre y con otras mujeres de su entorno. La autora pasea con su madre y recuerda y comparte momentos de su niñez y juventud,  con el fin de entender los malestares  y de sanar. Desde mi punto de vista, la historia sucede en dos entornos principales bien diferenciados: la casa y la calle. La casa como metáfora de la reclusión, la falta de libertad, el lugar designado para las mujeres, el conflicto y las discusiones y que tiene mucho que ver con la infancia y el apego que surge entre ella y su progenitora. La calle, un lugar abierto, más tolerante, que pretende ser el lugar donde las dos acercan posturas y hacen por entenderse la una y la otra.

Es un libro que nos muestra cómo lo que aprendemos, lo que nos inculcan influye en nuestras creencias y forma de entender la vida. A veces, intentamos no defraudar o cumplir con lo que se espera de nosotras y, entonces, dejamos de ser felices.

Necesitamos explorar y analizar nuestras relaciones para conocernos mejor y permitirnos ser nosotras mismas más allá de las expectativas de nuestros seres queridos.

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Discípulas de Gea

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito define la Trata de personas como “el traslado de seres humanos de un lugar a otro dentro de las fronteras de un mismo país o hacia el exterior con fines de explotación, en su mayoría explotación sexual, laboral o en la mendicidad”

La trata y la explotación sexual mueven una cifra superior a los 8 millones de euros al día en España, según datos del Ministerio de Sanidad. Según la ONU, cerca de 140.000 mujeres acaban atrapadas en redes que les chantajean con fines de explotación sexual. Este es el tipo de trata con mayor casos, y supone un 50 % del total, siendo mujeres y niñas las principales afectadas (71 %)

En España existe desde 2015 un plan específico contra la trata. Concretamente en Guadalajara, existe desde 1983 una asociación, Guada Acoge, que tiene como misión fundamental el apoyo a personas inmigrantes, personas en riesgo de exclusión social y también está desarrollando un programa contra la violencia de género y la explotación sexual. Precisamente, para  apoyar este último programa nació la idea hace más de un año desde Inventa Editores la idea de Discípulas de Gea.

Díscipulas de Gea es un libro colectivo compuesto por las aportaciones de 36 mujeres. Se ha realizado mediante Crowdfunding y todas las aportaciones irán destinadas sostener el programa que hemos mencionado más arriba.índice

El libro está compuesto por relatos, poesías e ilustraciones que reivindican y dan valor al  trabajo artístico que realizan las mujeres, por un lado, y visibiliza la situación, las dificultades o la violencia que han sufrido las mujeres a lo largo de los tiempos. Historias que nos hablan de las luchas, de las maternidades, la amistad, el miedo, la fuerza, la resilencia, la necesidad de romper estereotipos y cambiar la sociedad, el derecho a decidir y ser quien una quiera ser, temas todos que nos tocan muy de lleno a las mujeres y de los que debemos ser conscientes a nivel individual para llevar a cabo movimientos y cambios colectivos.

Mujer. De Zahra El Hasnaoui

“Cuando

la verdad se quemaba en hogueras.

Cuando

se hablaba de cuerpos

carentes de alma,

y almas carentes de razón.

Cuando

el silencio helaba

zapatos rojos en la acera.

La breve sonrisa tornó

el frío en abrazo,

el golpe en fuerza.

Entre lides y  hastío

recuperaste la voz,

el viento y las flores”

Las ilustraciones y fotografías, realizadas mediantes diferentes técnicas, tienen mucha fuerza y en ellas predominan el cuerpo de las mujeres que se resisten, que buscan un cambio, que transmiten sentimientos, emociones, dolor y rabia pero también alegría, vitalidad y esperanza. Muchas de ellas  acompañan a los textos pero, sin lugar a dudas, tienen mensaje y entidad propia.

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Laura Virumbrales

En cuanto a los relatos, merece la pena destacar Las mentiras del espejo de Laura Riñón, un relato que nos recuerda el esfuerzo que tuvieron que realizar muchas mujeres para sacar a sus hijas adelante y cómo la sociedad invisibilizó su trabajo (en muchos casos, atribuyéndoselo a sus maridos) y lo menospreció… por el hecho de ser mujeres. Además, es el reflejo de otras tantas mujeres escritoras que tuvieron que hacerse pasar por hombres para poder trabajar en lo que deseaban: desde las hermanas Brönte, George Sand, María Lejárraga, Concepción Arenal  hasta la periodista (como en el caso del relato) y reportera de guerra Carmen de Burgos “Colombine” que publicó incluso bajo el seudónimo de Perico el de los Palotes.

Libros como Discípulas de Gea son necesarios. Libros que buscan la igualdad en el ámbito literario pero que también son generosos y solidarios.

Discípulas de Gea from Discípulas de Gea on Vimeo. Realizado con mucho cariño por Elvira Ongil y con banda sonora de Anibassia Vals. Merece la pena verlo.

La prostitución

La prostitución es un tema de debate conflictivo y polémico dentro del feminismo. Hay dos posturas claramente diferenciadas y que difícilmente parecen llegar a puntos de encuentro: las antiprostitución y la proprostitución. También, sin ser una experta en el tema o tener demasiado conocimiento puede resultar complicado dar una opinión o posicionarse de un lado u otro. Se podría hacer, eso sí, ¿con criterio? Pero, ¿sólo existe un lado y otro con argumentos muy marcados en un sentido y otro, de los que no te puedes salir?

Por este motivo, la lectura resultará una gran aliada. Me parecen interesantes tres libros:

  • elserEl ser y la mercancía de la escritora sueca Kajsa Ekis Ekman. Aborda el tema de una manera sencilla y accesible. Lo más positivo del libro es que, aunque ella, es antiprostitución, muestra los argumentos que habitualmente ofrecen las dos posiciones y cómo estos han llegado a un punto de no encuentro. Además, en una segunda parte, trata también el controvertido tema de los vientres de alquiler, (aunque lo hace de una forma más somera y rápida) a los que encuentra parecidos con la prostitución en cuanta que a las mujeres se les reifica o cosifica.
  • prostitucionLa Prostitución de Beatriz Gimeno. Un libro que considero básico puesto que parte de la necesidad de cambiar el debate en torno a la prostitución. Plantea que es necesario conocer el estado de la cuestión y realizar autocrítica con la propia posición, tener en cuenta el contexto histórico y social y no cerrarse en unos argumentos que cada sector considera inamovibles y que tienen que ser aceptados para poder “formar parte” de ese grupo de opinión. Me parece especialmente interesante el hincapié que realiza sobre centrarse en el efecto y los daños que tiene la institución de la prostitución sobre la igualdad.
  • liberadLiberad al feminismo de Morgane Mertuil. En este libro podréis encontrar el punto de vista de una prostituta por elección y feminista que reflexiona sobre cómo afrontar los feminismos este tema.

Como veis, es posible acercarse a la prostitución desde diferentes puntos de vista. Después de leer los libros lo que más interesante me ha resultado es la necesidad de abrir la mente. La sensación que me queda es que hay argumentos muy establecidos desde hace tiempo, casi inmutables, como si no pudiera cambiar el entorno, el contexto, las situaciones o se pudieran incluir matices. De aquí, la necesidad, de informarse, de escuchar y de ser tolerante.

¿Recomendáis más libros al respecto?

La señora Dalloway. Virgina Woolf

woolfEn una sociedad victoriana hermética y de ideas conservadoras, la escritora Virginia Woolf (1882-1941) consiguió sobresalir con su talento y, además, ser reconocida como una gran intelectual en su propia época. Escribió novelas, ensayos, cuentos y fue una gran oradora.

Bien es cierto que era una época en la que hacía falta pertenecer a una clase acomodada para acceder a la cultura, aunque era más difícil para las mujeres (en una ocasión le negaron la entrada a la biblioteca porque las mujeres solo podían entrar acompañadas o con una carta de presentación). Woolf no fue al colegio pero sí que recibió formación en casa y tuvo acceso a libros que le facilitó adquirir conocimientos. Sin embargo, vivió también momentos duros. Su madre murió cuando ella tenía trece años y dos años más tarde, lo hizo una de sus hermanas. También sufrió abusos sexuales de uno de sus hermanastros, hechos que pudieron marcarla profundamente e influir en las continuas depresiones que padeció desde joven.

Estamos ante una mujer adelantada a su tiempo que perteneció a un club selecto de intelectuales, el Círculo Bloomsbury, creó junto a su marido su propia imprenta y mantuvo un matrimonio abierto al tener relaciones con mujeres; la más conocida fue su amante Vitta Sacke-Ville, en quien se basó para escribir su famosa novela Orlando.

Fue una escritora innovadora que intentó romper los férreos moldes de la época no sólo mediante sus historias sino también con un lenguaje innovador que escapaba al férreo control de las normas sociales. Es considerada una de las pioneras en la utilización del flujo interior de los personajes con gran brillantez como herramienta de narración, técnica que se aprecia especialmente en su novela Las Olas pero también en La señora Dalloway. También introdujo temas novedosos y provocadores en su tiempo como la homosexualidad, la sexualidad en Orlando, la transexualidad en Flush, la masculinidad y la guerra en Tres Guineas o la independencia de las mujeres en Un cuarto propio.

La señora Dalloway, publicada en 1925, tres años antes de que el sufragismo alcanzara su éxito en Gran Bretaña y que se menciona sutilmente en la novela, es su cuarta obra. La protagonista es Clarissa Dalloway, una mujer de la alta sociedad que está preparando una fiesta. La novela transcurre en único día y a lo largo de él nos encontramos con las reflexiones de Clarissa sobre su vida y sobre una relación amorosa anterior y con numerosos personajes, algunos que se conocen entre ellos, otros, que se cruzan casualmente en el camino a través de elementos ambientales y espaciales, como las campanadas del Big Ben o un parque londinense y que configuran la idiosincrasia y funcionamiento de la sociedad londinense del período de entre-guerras. Una sociedad dura y elitista que solo mira con buenos ojos a una clase social adinerada, que obedece a unas normas sociales muy rígidas y donde se percibe claramente la lucha y la diferencia de clases.

Encontramos mujeres que sufren, que se sienten encorsetadas en el debe-ser que la sociedad les impone, como la propia señora Dalloway, y del que les gustaría escapar. Existe un único modelo de mujer, estereotipo del que no está permitido salir y se espera la dependencia, la debilidad y la complacencia a los hombres. Además, se trata de una sociedad que ve con malos ojos la sexualidad fuera de la norma que son las relaciones hombres-mujeres. Las mujeres sienten atracción por otras mujeres pero se inhiben ante algo que está prohibido y que la sociedad condena.

Es interesante el tratamiento de las enfermedades mentales en la novela. La propia Woolf sufrió trastornos bipolares que la llevaron finalmente al suicidio. A través de Septimus Warren Smith, uno de los personajes de la novela, y el alter ego de Virginia Woolf, asistimos a una queja abierta del tratamiento que reciben las personas enfermas por parte de los médicos. La negación del derecho a tomar decisiones sobre sí mismos y su falta de autonomía, situación que la escritora pudo vivir en carne propia y que otras escritoras como Charlotte Perkins-Gilman en El papel pintado de amarillo y Janet Frame en la autobiografía Un ángel en mi mesa también trataron.

Nos hallamos, por tanto, ante el retrato de una sociedad violenta contra las mujeres y contra las clases sociales que no se consideran de la alta sociedad. Una violencia que se ejerce a través de las leyes. Una sociedad que considera a los otros un peligro. Virginia Woolf es capaz de mostrarnos a través de pensamientos, miedos, emociones y reflexiones entrelazadas una sociedad que califica de enfermas a quienes no cumplen los mandatos sociales cuando es la sociedad la que está realmente enferma.

La señora Dalloway, aunque sea una novela densa y compleja, quizás difícil en algunos momentos, es de imprescindible lectura ya que de ella se extraen temas de debate entorno a cuestiones feministas que hoy día continúan de actualidad. Por su parte, Virginia Woolf continúa siendo un referente del feminismo y su gran logro fue ser considerada , lo que es, un genio y no una musa.

*Publicado originariamente en blog del Club de lectura feminista de la Asociación La Maraña

Mujeres que leen, mujeres que escriben contra la opresión

El ámbito literario es un campo de batalla, otro más, en el que las mujeres luchamos contra la opresión que el patriarcado ejerce sobre nosotras. La lectura, en mayor o menor medida, otorga conocimientos, independencia, libertad, capacidad de decisión. Los hombres han intentado evitar, hasta hace relativamente poco, que las mujeres leyéramos o escribiéramos. Lo consideraban innecesario, pensaban que éramos incapaces o que tal actividad nos volvería locas. Simplemente tenían miedo de perder sus privilegios en la sociedad. La lectura era peligrosa para las mujeres, decían. Una excusa para continuar sometiéndonos y mantener una relación de poder sobre nosotras. Al mismo tiempo, ejercieron violencia (y se continúa) al crear referentes estereotipados, sumisos, dependientes y no libres.

Sin embargo, las mujeres siempre hemos buscado el modo de escapar al control que el patriarcado nos ha impuesto, de rebelarnos contra el poder establecido y contra el papel que nos han asignado en la sociedad en contra de nuestra voluntad.

En la China antigua, en Hunan, las mujeres crearon un lenguaje secreto, el nushu, para poder hablar entre ellas ya que el lenguaje escrito por hombres lo tenían vedado. Era su forma de comunicarse y darse consejos sin que los hombres se enteraran.

chinaPoco interés ha habido en dar a conocer a Murasaki Shikibu, escritora japonesa del siglo XI que escribió Genji Monagatari, considerada la primera novela, tal como hoy la concebimos, de la historia.

En la Edad Media se leían libros religiosos y sagrados y aunque bien es cierto que la cultura estaba en manos de la Iglesia y de las clases nobles o la corte, también destacaron mujeres en los scriptoriums. Conocida es Hildegard de Bingen, autora de libros visionarios, tratados científicos, médica y compositora o Eloísa de Paracleto, mujer excepcionalmente culta y erudita.

En el siglo XV había un Tratado que afirmaba que las mujeres solo podían leer lo escrito por sus maridos cuando estuvieran solas y para cualquier otra lectura debían estar acompañadas. Aún así hubo mujeres como Cristina de Pizan que escribió una obra de referencia, la primera obra feminista moderna: La ciudad de las mujeres, un tratado donde ya habla de temas como la violación, la igualdad entre mujeres y hombres y el acceso al conocimiento por parte de las mujeres.

Humanistas y filósofos como el español Juan Luis Vives, en el siglo XVI, aconsejaba a los maridos que impidieran que las mujeres e hijas leyeran, ya que según él carecían de juicio. Siguieron su estela el celebérrimo Jean Jacques Rousseau, que no dejó de ser un misógino. En el último capítulo de su obra El Emilio, dedicado a Sofía, la mujer ideal, se muestra a favor de que la mujer viva en la esfera privada y se dedique durante su vida a agradar y satisfacer a los hombres. En cambio, quedaron en más en la sombra pensadores como François Paulin de la Barre o el Marqués de Condorcet que defendían la igualdad de las mujeres en la sociedad. Son los tiempos de las cazas de brujas pero también el de la aparición de algunos clubs de lecturas, surgido a raíz de mujeres que se juntaban para hablar mientras hilaban y bordaban.

ilustracionLa figura de lectora ya había empezado a tomar cierta entidad y en el siglo XVII las mujeres empiezan a acceder a la lectura, aunque siempre con limitaciones, y todavía con muchas lecturas religiosas. En el siglo XVIII son imprescindibles las obras de Olympe de Gauges que escribió Los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791 como réplica a los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, que a pesar de lo que muchos quisieron afirmar no incluía los derechos de las mujeres. También fue importante la contribución de Mary Wollstonecraft con la Vindicación de los derechos de la mujer en 1792, en parte una respuesta en clave feminista al Emilio de Rousseau del que se sintió profundamente decepcionada al leer el capítulo dedicado a Sofía. La pensadora afirmaba que la mujer no era inferior al hombre sino que no se le había dado la misma educación.

Un siglo después, se empezaba a estudiar la mujer como cuestión social. También aparecen filósofos, como John Stuart Mill, el cual reivindica la igualdad de las mujeres en El sometimiento de las mujeres. En sus pensamientos influyeron las ideas feministas que le transmitía Harriet Taylor. Las mujeres viven una época en que no encuentran su lugar en el mundo, sometidas por el patriarcado y empiezan a aparecer enfermedades como la anorexia y a diagnosticar a muchas mujeres como histéricas cuando realmente el patriarcado era el origen de sus problemas. Un ejemplo lo encontramos en Alice James, cuyo diario dejó con la boca abierta a sus hermanos Henry y William o en Charlotte Perkins Gilman a la que los médicos le prohibieron leer y escribir porque la vida intelectual le perjudicaba, algo que se negó a aceptar. El papel amarillo es un relato imprescindible suyo que refleja la situación de muchas mujeres.

remediosYa en el siglo XX, se produce, como dice Ángeles Cabré, una democratización de la lectura y aparecen grandes lectoras y escritoras como Virginia Woolf que reivindica una habitación propia para las mujeres. Recordemos que hasta ahora la vida se hacía en un lugar común y, por ejemplo, no fue fácil para Jane Austen escribir sus novelas en un salón lleno de ruido, entre el trasiego familiar y las visitas de conocidos a la casa. Otros nombre importantes son el de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, la estadounidense Anais Nïn, la chilena Gabriel Mistral o la argentina Alfonsina Storni. En España se creó el Lyceum Club en 1926 y funcionó hasta 1939, una asociación para mujeres, la élite cultural, que disponía de tiempo y medios debido a su ambiente familiar y su nivel de educación para estas actividades. Estuvo compuesto por mujeres tan importantes para nuestra historia y olvidadas como María de Maeztu, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Concha Méndez o María Teresa de León.

En la actualidad hay más mujeres lectoras que hombres pero se sigue leyendo, en gran medida, con una mirada masculina. Se visibilizan pocos nombres de escritoras y los hombres, la sociedad, infravalora lo escrito por las mujeres, etiquetándolo de manera despectiva como femenino únicamente porque no se ajusta al patrón masculino. El mejor libro escrito por una mujer siempre va a ser peor valorado que el peor escrito por un hombre. Existen gran cantidad de autoras, con estilos muy diferentes que nos permite hacernos una idea de la diversidad, siempre buena, con la que contamos. Estos son algunos (que no todos): Margaret Atwood, Chimamanda Ngozi Adichie, Marcela Serrano, Virginie Despentes, Gioconda Belli, Paloma Bravo, Alice Munro, Belén Gopequi, Caitlin Moran, Toni Morrison, Elfriede Jelinek, Iztiar Ziga y un largo etc.

Es necesario seguir leyendo, con mirada feminista, ser reflexiva y crítica, cuestionar a través de la lectura los valores patriarcales y sexistas que nos imponen. Por este motivo surge, con el auge de los clubs de lectura, y como en otras tantas ciudades, el primer Club de lectura feminista de Guadalajara, dentro de la Asociación de La Maraña, un club participativo y abierto. Hace falta continuar la lucha y la reivindicación, también a través de la cultura, y más concretamente de la literatura, relegada en muchas ocasiones al último lugar, porque debemos comprometernos, no aceptar sin más el poder y los cánones establecidos y dar espacio a otros valores alternativos más igualitarios y justos para mujeres y hombres.

Busquemos, como dice la poetisa mexicana Rosario Castellanos en su poema Meditación en el umbral, un mundo menos sórdido para las mujeres.

Leamos. Cuestionemos. Sigamos cambiando el mundo.

*Publicado originalmente en el blog del Club de Lectura feminista de la Asociación La Maraña