La menstruación

El tema de la menstruación es un tema incómodo, del que no gusta hablar. De hecho, encontrar o haber leído novelas donde este tema sea el central o se trate en alguna parte  puede resultar trabajo arduo. ¿Por qué?

Erika Irusta, pedagoga menstrual (sí, así como suena) define el ciclo menstrual como “un compendio de niveles hormonales que modifican el cuerpo, así como la mente”.

Sin pretender caer en un carácter esencialista, ella afirma que la regla es algo fisiológico que en sí mismo no es malo sino que la cultura, el patriarcado le ha dado connotaciones negativas y lo ha convertido en una cuestión tabú.

A lo largo de la historia, de una u otra manera se ha visto (ya sea religión, filosofía o creencias populares) como algo que ocultar o que trae mala suerte.  En el artículo “Mancho pero no doy asco” podéis encontrar ver unas pinceladas sobre la concepción de la regla en distintos ámbitos.

aliados14Volviendo a Erika Irusta. Realiza un trabajo interesante en cuanto que ha creado una comunidad que trabaja en temas educativos y con perspectiva de género en torno al ciclo menstrual. Se llama el Camino Rubí y ofrece sesiones on line, boletínes, etc. Ha publicado diversos libros que hablan no sólo la menstruación sino otros temas relacionados con el cuerpo: Cartas desde mi cuarto propio o Diarios de un cuerpo propio.

También Simone de Beavouir habló en su conocida obra El segundo sexo sobre la menstruación y lo que suponía. Por un lado, consideraba que hubo un tiempo (con las sociedades matriarcales) en el que la idea sobre la menstruación era ambivalente, podía ser bueno o malo. Ella afirmaba que con la llegada del patriarcado las creencias sobre la regla se convirtieron en negativas y a partir de entonces fue un tema nefasto y mal visto en la sociedad.

Por otro lado, de forma un tanto dura, en el citado libro, mostraba algunos de los  momentos difíciles a los que podía enfrentarse una mujer cuando tenía la regla. Decía “[…]en cada nueva ocasión, la joven vuelve a experimentar el mismo disgusto ante aquel olor insípido y corrompido que asciende de sí misma (olor a pantano, de violetas marchitas), ante aquella sangre menos roja y más sospechosa que la que fluía de sus heridas infantiles. Día y noche tendrá que pensar en cambiarse, en vigilar su ropa interior, sus paños higiénicos, resolver mil pequeños problemas prácticos y repugnantes

Las creencias y pensamientos que han ido difundiéndose a lo largo de los tiempos (desde que no te puedes lavar la cabeza hasta que una mujer con la regla cerca de una cosecha la estropea) ha logrado que las mujeres vivamos la menstruación como algo doloroso emocionalmente (y físico, también para muchas), algo malo, algo que hay que evitar que se note. Bien sabemos que los anuncios de compresas y tampones suelen generar malestar porque precisamente no muestran la menstruación como un hecho fisiológico normal sino que todo va encaminado a que parezca que no se tiene o que no se sufre.

El tema de la menstruación no deja de ser un tema controvertido porque somos diversidad de mujeres y posiblemente vivimos esos días de maneras muy diferentes y, por tanto, variadas maneras de abordarlo o enfrentarlos. Sin embargo, con independencia de esto, sí que es necesario conocer nuestro cuerpo, cómo funciona, cómo reaccionamos ante él, aprender a aceptarlos y ser conscientes, como decíamos, de que existe una cultura patriarcal que menosprecia y rebaja todo lo que tiene que ver con las mujeres.

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Hace un par de años más o menos, la poeta Rupi Kaur fue censurada en Instagram por mostrar fotos de ella menstruando dentro de un proyecto fotográfico sobre este tema, un indicativo de cómo se concibe en estos días la regla. En su página web podéis ver las fotos de este trabajo titulado Period.

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Period. Proyecto fotográfico Rupi Kaur

En sus poemas, feministas, habla también, junto a temas como la violencia, la sexualidad, la depilación, de la regla (traducción propia del inglés):

“Al parecer es de mal gusto

mencionar mi período en público

puesto que la biología de mi cuerpo

es demasiado real.

Es más correcto vender

lo que está entre las piernas de una mujer

que mencionar su funcionamiento interno.

El disfrute de este cuerpo es visto como hermoso

mientras que su naturaleza es algo feo”.

Podéis leer más poemas, acompañados de ilustraciones, en sus libros Leche y Miel (de donde procede este poema) y Otras maneras de usar la boca.

En el libro Monólogos de la vagina de Eve Ensler (que también fue una obra teatral) se entrevista a más de 200 mujeres que cuentan, entre otras cosas, sus experiencias en torno a la regla: cómo se sienten, qué les han dicho que pueden o no hacer, etc.

Mejor Lola que mal acompañada

Otros libros, aunque no tienen como eje central la menstruación, también tocan temas relativos al cuerpo y sus procesos en las mujeres: Cómo ser mujer de Caitlin Moran,  Zonas húmedas de Charlotte Roche o Mejor Lola que mal acompañada de Raquel Riba Rosy.

También,rastreando, en la literatura infantil encontramos  algunos títulos que tratan este tema e intentan acompañar a las niñas en este proceso e informarlas como Mamá me ha venido la regla de May Serrano, El libro rojo de las niñas de Cristina Romero y Francis Marín o El tesoro de Lilith de Carla Trepat.

Y para finalizar os dejamos este vídeo de Malena Pichot, artista y humorista argentina: Boludas que menstrúan.

 

 

 

 

 

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Mujeres que leen, mujeres que escriben contra la opresión

El ámbito literario es un campo de batalla, otro más, en el que las mujeres luchamos contra la opresión que el patriarcado ejerce sobre nosotras. La lectura, en mayor o menor medida, otorga conocimientos, independencia, libertad, capacidad de decisión. Los hombres han intentado evitar, hasta hace relativamente poco, que las mujeres leyéramos o escribiéramos. Lo consideraban innecesario, pensaban que éramos incapaces o que tal actividad nos volvería locas. Simplemente tenían miedo de perder sus privilegios en la sociedad. La lectura era peligrosa para las mujeres, decían. Una excusa para continuar sometiéndonos y mantener una relación de poder sobre nosotras. Al mismo tiempo, ejercieron violencia (y se continúa) al crear referentes estereotipados, sumisos, dependientes y no libres.

Sin embargo, las mujeres siempre hemos buscado el modo de escapar al control que el patriarcado nos ha impuesto, de rebelarnos contra el poder establecido y contra el papel que nos han asignado en la sociedad en contra de nuestra voluntad.

En la China antigua, en Hunan, las mujeres crearon un lenguaje secreto, el nushu, para poder hablar entre ellas ya que el lenguaje escrito por hombres lo tenían vedado. Era su forma de comunicarse y darse consejos sin que los hombres se enteraran.

chinaPoco interés ha habido en dar a conocer a Murasaki Shikibu, escritora japonesa del siglo XI que escribió Genji Monagatari, considerada la primera novela, tal como hoy la concebimos, de la historia.

En la Edad Media se leían libros religiosos y sagrados y aunque bien es cierto que la cultura estaba en manos de la Iglesia y de las clases nobles o la corte, también destacaron mujeres en los scriptoriums. Conocida es Hildegard de Bingen, autora de libros visionarios, tratados científicos, médica y compositora o Eloísa de Paracleto, mujer excepcionalmente culta y erudita.

En el siglo XV había un Tratado que afirmaba que las mujeres solo podían leer lo escrito por sus maridos cuando estuvieran solas y para cualquier otra lectura debían estar acompañadas. Aún así hubo mujeres como Cristina de Pizan que escribió una obra de referencia, la primera obra feminista moderna: La ciudad de las mujeres, un tratado donde ya habla de temas como la violación, la igualdad entre mujeres y hombres y el acceso al conocimiento por parte de las mujeres.

Humanistas y filósofos como el español Juan Luis Vives, en el siglo XVI, aconsejaba a los maridos que impidieran que las mujeres e hijas leyeran, ya que según él carecían de juicio. Siguieron su estela el celebérrimo Jean Jacques Rousseau, que no dejó de ser un misógino. En el último capítulo de su obra El Emilio, dedicado a Sofía, la mujer ideal, se muestra a favor de que la mujer viva en la esfera privada y se dedique durante su vida a agradar y satisfacer a los hombres. En cambio, quedaron en más en la sombra pensadores como François Paulin de la Barre o el Marqués de Condorcet que defendían la igualdad de las mujeres en la sociedad. Son los tiempos de las cazas de brujas pero también el de la aparición de algunos clubs de lecturas, surgido a raíz de mujeres que se juntaban para hablar mientras hilaban y bordaban.

ilustracionLa figura de lectora ya había empezado a tomar cierta entidad y en el siglo XVII las mujeres empiezan a acceder a la lectura, aunque siempre con limitaciones, y todavía con muchas lecturas religiosas. En el siglo XVIII son imprescindibles las obras de Olympe de Gauges que escribió Los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791 como réplica a los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, que a pesar de lo que muchos quisieron afirmar no incluía los derechos de las mujeres. También fue importante la contribución de Mary Wollstonecraft con la Vindicación de los derechos de la mujer en 1792, en parte una respuesta en clave feminista al Emilio de Rousseau del que se sintió profundamente decepcionada al leer el capítulo dedicado a Sofía. La pensadora afirmaba que la mujer no era inferior al hombre sino que no se le había dado la misma educación.

Un siglo después, se empezaba a estudiar la mujer como cuestión social. También aparecen filósofos, como John Stuart Mill, el cual reivindica la igualdad de las mujeres en El sometimiento de las mujeres. En sus pensamientos influyeron las ideas feministas que le transmitía Harriet Taylor. Las mujeres viven una época en que no encuentran su lugar en el mundo, sometidas por el patriarcado y empiezan a aparecer enfermedades como la anorexia y a diagnosticar a muchas mujeres como histéricas cuando realmente el patriarcado era el origen de sus problemas. Un ejemplo lo encontramos en Alice James, cuyo diario dejó con la boca abierta a sus hermanos Henry y William o en Charlotte Perkins Gilman a la que los médicos le prohibieron leer y escribir porque la vida intelectual le perjudicaba, algo que se negó a aceptar. El papel amarillo es un relato imprescindible suyo que refleja la situación de muchas mujeres.

remediosYa en el siglo XX, se produce, como dice Ángeles Cabré, una democratización de la lectura y aparecen grandes lectoras y escritoras como Virginia Woolf que reivindica una habitación propia para las mujeres. Recordemos que hasta ahora la vida se hacía en un lugar común y, por ejemplo, no fue fácil para Jane Austen escribir sus novelas en un salón lleno de ruido, entre el trasiego familiar y las visitas de conocidos a la casa. Otros nombre importantes son el de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, la estadounidense Anais Nïn, la chilena Gabriel Mistral o la argentina Alfonsina Storni. En España se creó el Lyceum Club en 1926 y funcionó hasta 1939, una asociación para mujeres, la élite cultural, que disponía de tiempo y medios debido a su ambiente familiar y su nivel de educación para estas actividades. Estuvo compuesto por mujeres tan importantes para nuestra historia y olvidadas como María de Maeztu, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Concha Méndez o María Teresa de León.

En la actualidad hay más mujeres lectoras que hombres pero se sigue leyendo, en gran medida, con una mirada masculina. Se visibilizan pocos nombres de escritoras y los hombres, la sociedad, infravalora lo escrito por las mujeres, etiquetándolo de manera despectiva como femenino únicamente porque no se ajusta al patrón masculino. El mejor libro escrito por una mujer siempre va a ser peor valorado que el peor escrito por un hombre. Existen gran cantidad de autoras, con estilos muy diferentes que nos permite hacernos una idea de la diversidad, siempre buena, con la que contamos. Estos son algunos (que no todos): Margaret Atwood, Chimamanda Ngozi Adichie, Marcela Serrano, Virginie Despentes, Gioconda Belli, Paloma Bravo, Alice Munro, Belén Gopequi, Caitlin Moran, Toni Morrison, Elfriede Jelinek, Iztiar Ziga y un largo etc.

Es necesario seguir leyendo, con mirada feminista, ser reflexiva y crítica, cuestionar a través de la lectura los valores patriarcales y sexistas que nos imponen. Por este motivo surge, con el auge de los clubs de lectura, y como en otras tantas ciudades, el primer Club de lectura feminista de Guadalajara, dentro de la Asociación de La Maraña, un club participativo y abierto. Hace falta continuar la lucha y la reivindicación, también a través de la cultura, y más concretamente de la literatura, relegada en muchas ocasiones al último lugar, porque debemos comprometernos, no aceptar sin más el poder y los cánones establecidos y dar espacio a otros valores alternativos más igualitarios y justos para mujeres y hombres.

Busquemos, como dice la poetisa mexicana Rosario Castellanos en su poema Meditación en el umbral, un mundo menos sórdido para las mujeres.

Leamos. Cuestionemos. Sigamos cambiando el mundo.

*Publicado originalmente en el blog del Club de Lectura feminista de la Asociación La Maraña