La amistad entre mujeres

Llegó un día en el que mi mejor amiga del instituto dejó de quedar conmigo. No tenía tiempo. La realidad: había conocido un chico y los chicos están por encima de las amistades.

También viví ese día en el que hablando con otra amiga, tenía muy claro que nuestras relaciones eran una jerarquía: primero la pareja; segundo, la familia; y tercero, si queda tiempo, las amigas. Espero que al menos tuviera tiempo para estar con ella misma.

Y no podía faltar el día glorioso de la amiga que se casa y que como ella misma afirmó “ya voy a tener el anillo de poder”. Sin comentarios.

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Evidentemente, nos guste o no, esto sucede. No siempre tiene que suceder de esta manera, puede haber otros motivos o pueden existir amistades que nunca se rompen. Pero no lo obviemos, el patriarcado nos quiere sin amigas. Siempre se nos ha dicho que las mujeres no podemos mantener una amistad y que nos peleamos por los hombres.  Y así ocurre en la literatura. La escritora Carmen G. de la Cueva cree que en la vida real las mujeres sí podemos ser amigas, de hecho, tenemos amigas pero la literatura no nos representa de ese modo.

Virginia Woolf en su ensayo Una habitación propia reflexiona sobre este tema:

“A Cleopatra no le gustaba Octavia. ¡Y qué diferente hubiera sido Antonio y Cleopatra si le hubiese gustado! Tal como fue escrita la obra, pensé, dejando, lo admito, que mi pensamiento se apartarse de La aventura de la vida, todo queda simplificado, absurdamente convencionalizado, si me atrevo a decir tal cosa. El único sentimiento que Octavia le inspira a Cleopatra son celos. ¿Es más alta que yo? ¿Cómo se peina? La obra quizá no requería más. Pero qué interesante hubiera sido si la relación entra las dos mujeres hubiera sido más complicada. Todas las relaciones entre mujeres, pensé recorriendo rápidamente la esplendida galería de figuras femeninas, son demasiado sencillas. Se han dejado tantas cosas de lado, tantas cosas sin intentar. Y traté de recordar entre todas mis lecturas algún caso en que dos mujeres hubieran sido presentadas como amigas”.

Y de hecho, hay algunas novelas, como Nubosidad variable de Carmen Martín Gaite que trata sobre el reencuentro de dos amigas que se separaron precisamente por un hombre. y quizás ocurre más de lo que debería suceder.

Aunque encontramos otras amistades que empiezan en la adolescencia como la de Amparo y Catalina que va evolucionando a lo largo del tiempo como ocurre en Daniela Astor y la caja negra de Marta Sanz o amistades que duran toda la vida como la que se narra en Alguien bajo los párpados de Cristina Sánchez-Andrade.

Otras amistades que encontrarmos en los libros es la relación entre dos mujeres de distintas

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generaciones que se conocen y entablan una amistad en la que encuentran el apoyo y la comprensión que necesitan. Así ocurre en Astrid y Veronika de Linda Olsson y En la tierra de los abetos puntiagudos de Sara Ornet Jewett.

Por último, me gustaría mencionar a Laura Freixas, que entre otros temas, ha indagado, en éste del que hablamos en este post en sus libros Cuentos de amigas y Entre amigas.

Al leer estos libros me han surgido  diversas preguntas:

¿Refleja bien la literatura nuestras relaciones con otras mujeres?

¿Refuerza estereotipos?

¿Cómo nos relacionamos las mujeres?

¿Cómo influye el capitalismo y el patriarcado?

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