Ellas también cuentan

índiceEllas también cuentan es un libro de relatos editado por Baile del Sol que recopila relatos de las principales escritoras africanas.

Se trata de una antología que pretende dar visibilidad a escritoras africanas en diversos géneros: relato, poesía y ensayo aunque predomina el primero dejando un espacio meramente simbólico a los otros dos, especialmente al ensayo.

En mi opinión, se trata de un libro necesario ya que posiblemente conozcamos pocos nombres de escritoras del continente africano, más allá quizás de Toni Morrison o Chimandada Ngozi. Sin embargo, son muchas las que dan voz a otras mujeres a través de sus historias, a sus situaciones de violencia, de opresión, etc. pero también de fortaleza, valentía y capacidad de decisión.

Junto a este libro, también me gustaría mencionar un pequeño libro titulado Cálidas eran las noches de la escritora de Cabo Verde Dina Salústico que atrae por su sencillez, brmujernegraevedad (no son relatos de más de dos páginas) y que, al mismo tiempo, ahondan y se acercan a temas complejos como la relación entre madres- hijas, la rebelión de las mujeres o la desmitificación de la masculinidad tradicional.

Como ya sabéis, siempre invito a lecturas diferentes que nos aporten otra mirada o nos hagan reflexionar. Ellas también cuentan. No lo olvidemos.

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Literatura infantil diversa y tolerante

La educación es un pilar fundamental para poder producir cambios a nivel individual y colectivo.

malenaNecesitamos dar un vuelco a los mensajes que se reciben durante la infancia que perpetúan el machismo y la sociedad patriarcal y, que la mayoría de veces, se cierra a otras posibilidades u opciones de vida.

Os dejamos varios enlaces con lecturas que fomentan la diversidad, la pluralidad y la tolerancia.

4 cuentos infantiles para prevenir y detectar a tiempo el abuso sexual

12 libros LGTBI para niños y niñas tolerantes de todas las edades

Cambiemos el cuento, sigamos contando

El cuento del amor romántico

amorCuando era adolescente mi abuelo me decía que tenía que buscarme un buen novio, entiéndase bueno por algún médico, abogado o cualquier otra profesión bien considerada socialmente y que pudiera mantenerme. Mi padre me decía que era bastante antipática y que así quién me iba a querer. Después cuando tuve pareja estable su pregunta fue cuándo tenía pensado casarme. A mi madre, en cambio, le corría la prisa porque fuera madre porque ella quería se abuela y si no me resultaba demasiada molestia, quería tener un niño, que ha había criado a tres niñas.

Y junto estos, nos encontramos leyendo, escuchando música, viendo películas, series, publicidad que nos refuerzan estos mensajes. Entre imposiciones familiares y sociales, a nadie se le ocurrió preguntarme que deseaba yo porque el patriarcado ya se había encargado de decirnos a las mujeres cómo teníamos que vivir nuestra vida.

El amor romántico y la pareja es un tema que  resulta interesante de analizar en la literatura, uno de los referentes simbólicos, sobre los que construimos nuestras realidades. Leer nos permite darnos cuenta de lo difícil que es encontrar una novela sin una relación amorosa o que la trama no gire , sobre todo, si la mujer es protagonista en torno a un hombre. De hecho, cuando leemos con perspectiva feminista, por ejemplo El genuino sabor de Mercedes Cebrian nos damos cuenta lo interiorizado que tenemos las relaciones románticas: “Fíjate, una mujer protagonista y cuenta su vida, y no habla de hombres y no tiene una relación y no la busca. ¿Raro?”. No debería, pero nos llama la atención. Nos llama la atención porque precisamente desde los cuentos infantiles hasta gran parte de las novelas nos dicen que tenemos que querer a un hombre y casarnos.

Esto significa, como dice Coral Herrera, que el amor no es algo natural, se trata de una construcción socio-cultural atravesada por ideología y política y que puede variar según el tiempo, el contexto o la sociedad. También Mª Luz Esteban en su libro Crítica del pensamiento amoroso trata qué es el pensamiento amoroso, cómo se organiza la sociedad a través de él y qué implicaciones tiene para las mujeres. Además, explica cómo en las ficciones románticas como novelas o películas aparece casi siempre un amor patriarcal y capitalista, que van de la mano, y donde la clase y la raza juegan un papel importante.

El hecho de buscar pareja o desear disfrutar del amor no es en sí malo pero sí la imposición de que es necesario para ser una mujer completa o para ser feliz. Existen una serie de mitos románticos que van asociados a él y que nos perjudican especialmente a las mujeres, a las que se nos dice que en el amor todo vale, que es para siempre, que hay que esperar y que lograremos un cambio en nuestra pareja, entre otras cosas. Pero es un mensaje dañino. Y la literatura, a este respecto, aún necesita aportar más referentes diversos y variados en el tratamiento del amor y las relaciones de pareja (no sólo las heterosexuales).

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En la mayoría de obras escritas por hombres, encontramos protagonistas masculinos. La mujer, cuando no es asesinada, es una comparsa al servicio de la misión que tiene que cumplir el protagonista. Podemos coger nombres al azar de escritores famosos desde Gabriel García Marquez hasta Mario Vargas Llosa y será difícil no escapar a este patrón.También debemos reconocer que muchas de las escritas por mujeres tratan el tema del amor como central y quizás no tantas como nos gustaría con un enfoque feminista.

Me parece interesante poder tomar conciencia de ello y leer de forma crítica y con mirada feminista:

  • ¿Qué papel juega la mujer en la novela?
  • ¿Busca el amor?
  • ¿Cómo se la describe? Personalidad, actitudes, etc.
  • ¿Qué tipo de relaciones se plantean?
  • ¿En que sé basan?
  • ¿Las mujeres sufren por esas relaciones?
  • ¿Aparecen uno o varios mitos del amor romántico?
  • Y cualquier otra pregunta que se os vaya ocurriendo y os haga sonar la alarma.

La obra Romeo y Julieta de Shakespeare, considerada como el sueño romántico a vivir de muchos enamorados (¿realmente sabrán de qué trata?) es lo peor que nos puede pasar. Dos jóvenes menores cuyo amor dura apenas 17 días porque él es asesinado y ella se suicida. ¿Queremos este tipo de amor en nuestra vidas?

Novelas clásicas como La Regenta, Madame Bovary o Anna Karenina aunque hablan de mujeres soñadoras, aburridas de sus matrimonios y con ansías de libertad u otro tipo de vida tienen un final trágico, lo que significa que, de alguna manera, se condena moralmente el intentar salir de las normas establecidas. Nos castigan.

Por otra parte, el relato La Mujer rota de Simone de Beauvoir es un buen texto para analizar muchos de los mitos románticos que se han establecido a nivel teórico. Una mujer que deja todo por amor y de repente se ve aceptando la amante de su marido en contra de su voluntad porque siente que no tiene nada, que su amor es para siempre para finalmente ser abandonada. Quizás sea en parte un poco el reflejo de algunos sentimientos de la autora que aunque tuvo una relación abierta con su pareja porque ambos eran partidarios de relaciones libres no pudo evitar pasar por momentos de sufrimientos y celos. ¿Es posible que no nos hayan enseñado a negociar? Marcela Lagarde da unas Claves feministas para la negociación en el amor.

libro_1350956844Existen algunas novelas, como Solos de Paloma Bravo que cuestiona las relaciones de pareja existentes, aquellas que se tienen por el mero hecho de miedo a la soledad. En esta historia, hay varios personajes que juegan papeles diferentes y especialmente interesante el de Ana: independiente, fuerte, crítica.

Parece ser que cuando se trata de amor, las mujeres sufren, incluso ser feministas no nos salva de caer en las trampas del amor romántico. En El albergue de las mujeres tristes, Marcela Serrano nos habla de varias mujeres que van a pasar una temporada a un albergue para resolver sus crisis sentimentales. Quizás, si hemos hecho una reflexión tengamos claro que queremos y qué no. En este artículo publicado en Pikara Magazine encontraréis una opinión al respecto: Lo que no queremos del amor.

Podríamos citar numerosos ejemplos de novelas con diferentes puntos de vista pero el artículo sería interminable. El objetivo es más bien, ofrecer unas nociones básicas,  empezar a indagar y a profundidad y a tener esos conceptos presentes en nuestras lecturas, analizarlos, ser críticos, buscar otra literatura y otras referencias, enseñar desde pequeñas otro tipo de cuentos. En la etapa adolescente pueden ser muy útiles los libros de Gemma Lienas: El diario violeta de Carlota, El diario rojo de Carlota y El diario azul de Violeta que abordan las relaciones sentimentales, la sexualidad la desigualdad y la violencia de género o el libro Si es amor, no duele de Ivan Lerreynaga y Pamela Palenciano. 

Se trata, en parte, como se explica en este artículo publicado en el blog Proyecto Kahlo de reapropiarnos del término amor y resignificarlo con una perspectiva feminista. Y, por supuesto, siempre en el amor cuidarnos: Cómo cuidarte cuando estás enamorada.

Algunas cuestiones importantes como el cuidado, la confianza, la comunicación se plantean en libros enfocados a las relaciones poliamorosas pero que pueden ser de utilidad para otro tipo de relaciones ya que muestran de forma positiva cómo gestionar conflictos, diferencias, los celos. Algunos de ellos son: Ética promiscua, (h)amor1, (h)amor2, Poliamor.

amorEn definitiva, de las lecturas que hacemos también se llena nuestro imaginario simbólico, así que parece buena idea leer de forma crítica y entender el mensaje que nos están transmitiendo. Porque el amor romántico no sólo puede doler, también mata; es el germen de la violencia que se ejerce contra las mujeres. Apoyar y buscar lecturas que fomenten y visibilicen diferentes tipos de relaciones amorosas y entre diferentes tipos de  personas y, desde luego, que no las juzguen, también nos ayudará a tener una perspectiva más amplia, respetuosa y tolerante.

Hagamos que el amor valga la pena también a través de la literatura.

La vegetariana. Han Kang

La vegetariana fue publicado por primera vez en 2007, en Corea del Sur, país originario de su autora Han Kang. Esta ganó en 2016 el Man Booker Prize International. Nació en 1979 y estudió literatura en la Universidad de Yonsei. Es narradora y poeta y esta es su primera novela traducida al castellano.

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A pesar de su título, no es se trata de una novela que tenga que ver con el veganismo y el antiespecismo. Podríamos discutir si es un título acertado o no, pero lo cierto es que a su autora le ha funcionado desde el punto de vista del marketing.

Es una novela compuesta de tres relatos relacionados entre sí. Se dice que se inspiró en un verso de Yi Sang: “Creo que las personas han de ser plantas”, que Hang Kang interpretó como una posición contra la violencia del período colonial nipón.

Se trata de un libro recomendable para leer puesto que puede generar debates enriquecedores en torno a cuestiones del papel de la mujer, las agresiones que sufren y las violaciones.

En primer lugar, debemos ser conscientes del contexto cultural y social en el que tiene lugar y antes de juzgarlo tenemos que ser conscientes de nuestra mirada occidental que, en muchos sentidos, es diferente de la asiática.

Corea del Sur es un país rico, muy influenciado por ideas confucionistas (que relegan a la mujer a un papel sumiso al padre, al hermano, al marido) y donde como comenta Gabi Martínez en la introducción del libro, la existencia aún de la chamanería (el 90 % son mujeres puesto que es el único lugar donde puede no verse sometidas). En los últimos tiempos hay mucho interés en las ideas capitalistas a pesar de lo que también alberga muchas tradiciones. Aunque hay una mujer en el gobierno, primera presidenta del gobierno en Corea del Sur, Park Geun-hye, pocas personas lo ven como un indicador de la mejora de la situación de las mujeres, ya que es hija del dictador que gobernó entre 1961 y 1979.

Quizás, en este contexto podamos entender el planteamiento de la novela y uno de los puntos sobre los que me parece interesante conversar. La protagonista, Yeong-hye tiene una noche un sueño y entonces decide dejar de comer carne, después también vegetales y se irá 519HCe7xx3L._AC_UL320_SR202,320_dejando hasta llegar a un punto muy extremo, su deseo de convertirse en planta, elementos fantásticos que en algunas ocasiones Han Kang utiliza en sus novelas. La autora comenta que empleó este tipo de metáfora o parábola para mostrar cómo Yeong-hye lo que pretende es desconectar de la violencia que existe en el ser humano y rebelarse contra el rol que la sociedad le ha impuesto, aunque los demás no lo vean así porque a lo largo de la novela simplemente piensan que se ha hecho vegetariana o que tiene anorexia.

Comprobaremos que en la novela, Yeong-hye, no tiene voz, apenas habla un par de veces y siempre de manera muy breve. Es observada y se le da existencia desde el punto de vista de otros tres personajes: su marido, su cuñado y su hermana. La mujer, atravesada por la mirada de lo otros y que de alguna forma convierte a la lectora también en observadora con la posibilidad de crear su propia opinión.

La sociedad patriarcal que comentábamos que proporciona las reglas del confucionismo se aprecian claramente en estos tres personajes.

El marido, un personaje machista que sólo desea una mujer que le atienda y le sirva y que piensa de ellas cosas como: “Antes de que mi mujer se hiciera vegetariana nunca pensé que fuera una personal especial”, “Si me casé con ella fue porque así como no parecía tener ningún atractivo especial, tampoco parecía tener ningún defecto en particular”, “Así pues, fue natural que eligiera casarme con ella, que tenía el aspecto de ser la mujer más corriente del mundo”, “Tal como lo había esperado mi mujer se ajustó sin problemas al rol de esposa común y corriente que yo deseaba”.

El cuñado, artista, parece haber sentido atraído por Yeong-hye y aprovecha el cambio de esta en la alimentación y su comportamiento para intentar que participe en una especie de performance pero su mirada sobre ella es siempre la de una mujer sexualizada, erotizada que podría culminar sus fantasías: “La mujer de sus bocetos no tenía rostro, pero era su cuñada. Mejor dicho, tenía que ser su cuñada. […] Era un poderoso deseo sexual hacia un objeto definido que no sentía desde que se había casado”, “Superponiéndose a la sensación placentera que tuvo cuando tocó por primera vez las tiernas nalgas de su hijo recién nacido, el trasero de su cuñada, que nunca había visto, resplandecía como una luz brillante dentro de sí mismo”.

Por último, ofrece su punto de vista de Yeong-hye, su hermana, que representa el papel de la mujer que todo lo tiene que poder, la superwoman: trabajo fuera de casa, en casa, cuidar a su hijo, a su marido, y hacerse cargo de su hermana cuando esta cambia y su familia se desentiende de ella: “Yeong-hye era cuatro años menor que ella […] Desde los años de infancia, en los que era castigadas con cachetadas por la mano pesada del padre, Yeonghye había sido para ella alguien a quien debía cuidad continuamente alguien que le suscitaba un sentimiento de responsabilidad que se asemejaba al instinto maternal”

Además, podemos analizar temas con la violencia contra las mujeres. Todos los personajes masculinos de esta novela ejercen violencia contra las mujeres, al ver que no consiguen de las mujeres lo que ellos consideran que tienen derecho a reclamar. El padre pega a su hija cuando decide dejar de comer carne y tanto el marido como el cuñado consuman violaciones dentro del matrimonio.

La vegetariana es una novela perturbadora, te remueve por dentro, es dura y con escenas gore pero merece la pena leerla y reflexionar sobre ella. La propia autora en una entrevista comentaba que los hombres solían sentirse muy incómodos y la dejaban de leer. Las mujeres, en cambio, aunque sentían malestar sí que continuaban leyendo.

¿Puede ser porque a los hombres no les gusta leer sobre los privilegios y la violencia que ejercen contra las mujeres y éstas se han sentido identificadas con esa sumisión e inferioridad a las que se les suele relegar?

La asexualidad en la literatura

Identificada con los colores gris, negro, blanco y morado no ha sido hasta 2013 cuando la asexualidad dejó de considerarse una patología.

200px-Asexual_flag.svgLa Red para la Educación y la Visibilidad de la Asexualidad (AVEN) define como Asexual a la persona que no experimenta atracción sexual hacia otras personas. No implica necesariamente no tener líbido o no practicar sexo o no poder sentir excitación o no poder enamorarse o no tener pasiones o no sentir deseo. De hecho, podemos encontrar demisexuales, que sienten atracción sexual cuando existe un lazo emocional o grisexuales que siente deseo de forma esporádica.

Además, posiblemente es la orientación sexual más invisibilizada porque vivimos en una sociedad hipersexualizada. Por un lado, el capitalismo, que siempre intenta convertir en mercancía aquello de lo que se pueda hacer caja. Y por otro, desde sexualidades más alternativas y disidentes el sexo sigue jugando un papel importante.

Irene Blanco y Sonia Tello en el artículo Asexualidad, ¿subversión definitiva? se sirven de ella para cuestionar la concepción biológica e innata del deseo sexual.

Este tema también está generando debate en los entornos feministas puesto que se trata de una orientación sexual no tenida en cuenta hasta ahora como menciona Guillén González en su artículo Asexualidad, ruptura epistemológica en el feminismo.

¿Y qué podemos saber de la asexualidad en la literatura? Evidentemente si no sabemos sobre ella o está invisibilizada puede que no la identifiquemos o que no se mencione, y ya sabemos la tendencia de la literatura patriarcal, en general, a referir uno tras otros los mismo estereotipos sin dar lugar a la diversidad. Aunque, después de rastrear un poco, hemos encontrado algunos ensayos y novelas  que en mayor o menor medida hablan de asexualidad.

Algunas obras sobre asexualidad y novelas con personajes considerados asexuales.

 

Ensayos

Asexualidad, ¿se puede vivir sin sexo? de Javier León Gómez.

Asexualidad: vivir sin sexo de Virginia Mendoza. En: (h)amor1

Asexualidad: un cuestionamiento extremo del deseo de Irene Blanco y Sonia Tello. En: (h)amor2

books-1082942_960_720Ficción

L’Envie (2013) de Sophie Fontanel.

Diario de una asexual de Lucía Lietsi.

La casa de los espíritus  de Isabel Allende.

Muerte entre poetas de Ángela Vallvey

Al faro. Virginia Woolf.

Para saber más:

 

 

 

 

 

La menstruación

El tema de la menstruación es un tema incómodo, del que no gusta hablar. De hecho, encontrar o haber leído novelas donde este tema sea el central o se trate en alguna parte  puede resultar trabajo arduo. ¿Por qué?

Erika Irusta, pedagoga menstrual (sí, así como suena) define el ciclo menstrual como “un compendio de niveles hormonales que modifican el cuerpo, así como la mente”.

Sin pretender caer en un carácter esencialista, ella afirma que la regla es algo fisiológico que en sí mismo no es malo sino que la cultura, el patriarcado le ha dado connotaciones negativas y lo ha convertido en una cuestión tabú.

A lo largo de la historia, de una u otra manera se ha visto (ya sea religión, filosofía o creencias populares) como algo que ocultar o que trae mala suerte.  En el artículo “Mancho pero no doy asco” podéis encontrar ver unas pinceladas sobre la concepción de la regla en distintos ámbitos.

aliados14Volviendo a Erika Irusta. Realiza un trabajo interesante en cuanto que ha creado una comunidad que trabaja en temas educativos y con perspectiva de género en torno al ciclo menstrual. Se llama el Camino Rubí y ofrece sesiones on line, boletínes, etc. Ha publicado diversos libros que hablan no sólo la menstruación sino otros temas relacionados con el cuerpo: Cartas desde mi cuarto propio o Diarios de un cuerpo propio.

También Simone de Beavouir habló en su conocida obra El segundo sexo sobre la menstruación y lo que suponía. Por un lado, consideraba que hubo un tiempo (con las sociedades matriarcales) en el que la idea sobre la menstruación era ambivalente, podía ser bueno o malo. Ella afirmaba que con la llegada del patriarcado las creencias sobre la regla se convirtieron en negativas y a partir de entonces fue un tema nefasto y mal visto en la sociedad.

Por otro lado, de forma un tanto dura, en el citado libro, mostraba algunos de los  momentos difíciles a los que podía enfrentarse una mujer cuando tenía la regla. Decía “[…]en cada nueva ocasión, la joven vuelve a experimentar el mismo disgusto ante aquel olor insípido y corrompido que asciende de sí misma (olor a pantano, de violetas marchitas), ante aquella sangre menos roja y más sospechosa que la que fluía de sus heridas infantiles. Día y noche tendrá que pensar en cambiarse, en vigilar su ropa interior, sus paños higiénicos, resolver mil pequeños problemas prácticos y repugnantes

Las creencias y pensamientos que han ido difundiéndose a lo largo de los tiempos (desde que no te puedes lavar la cabeza hasta que una mujer con la regla cerca de una cosecha la estropea) ha logrado que las mujeres vivamos la menstruación como algo doloroso emocionalmente (y físico, también para muchas), algo malo, algo que hay que evitar que se note. Bien sabemos que los anuncios de compresas y tampones suelen generar malestar porque precisamente no muestran la menstruación como un hecho fisiológico normal sino que todo va encaminado a que parezca que no se tiene o que no se sufre.

El tema de la menstruación no deja de ser un tema controvertido porque somos diversidad de mujeres y posiblemente vivimos esos días de maneras muy diferentes y, por tanto, variadas maneras de abordarlo o enfrentarlos. Sin embargo, con independencia de esto, sí que es necesario conocer nuestro cuerpo, cómo funciona, cómo reaccionamos ante él, aprender a aceptarlos y ser conscientes, como decíamos, de que existe una cultura patriarcal que menosprecia y rebaja todo lo que tiene que ver con las mujeres.

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Hace un par de años más o menos, la poeta Rupi Kaur fue censurada en Instagram por mostrar fotos de ella menstruando dentro de un proyecto fotográfico sobre este tema, un indicativo de cómo se concibe en estos días la regla. En su página web podéis ver las fotos de este trabajo titulado Period.

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Period. Proyecto fotográfico Rupi Kaur

En sus poemas, feministas, habla también, junto a temas como la violencia, la sexualidad, la depilación, de la regla (traducción propia del inglés):

“Al parecer es de mal gusto

mencionar mi período en público

puesto que la biología de mi cuerpo

es demasiado real.

Es más correcto vender

lo que está entre las piernas de una mujer

que mencionar su funcionamiento interno.

El disfrute de este cuerpo es visto como hermoso

mientras que su naturaleza es algo feo”.

Podéis leer más poemas, acompañados de ilustraciones, en sus libros Leche y Miel (de donde procede este poema) y Otras maneras de usar la boca.

En el libro Monólogos de la vagina de Eve Ensler (que también fue una obra teatral) se entrevista a más de 200 mujeres que cuentan, entre otras cosas, sus experiencias en torno a la regla: cómo se sienten, qué les han dicho que pueden o no hacer, etc.

Mejor Lola que mal acompañada

Otros libros, aunque no tienen como eje central la menstruación, también tocan temas relativos al cuerpo y sus procesos en las mujeres: Cómo ser mujer de Caitlin Moran,  Zonas húmedas de Charlotte Roche o Mejor Lola que mal acompañada de Raquel Riba Rosy.

También,rastreando, en la literatura infantil encontramos  algunos títulos que tratan este tema e intentan acompañar a las niñas en este proceso e informarlas como Mamá me ha venido la regla de May Serrano, El libro rojo de las niñas de Cristina Romero y Francis Marín o El tesoro de Lilith de Carla Trepat.

Y para finalizar os dejamos este vídeo de Malena Pichot, artista y humorista argentina: Boludas que menstrúan.

 

 

 

 

 

La bastarda. Trifonia Melibea Obono

Conocemos otras como Chimamanda Ngozi, Yaa Gyasi o Nadime Gordimer pero nos llegan con cuentagotas y, a veces, hasta nos pueden pasan desapercibidas. Recientemente Casa África y la editorial Baile del Sol han publicado una antología en castellano de escritoras africanas de habla inglesa, titulado Ellas [también] cuentan un libro que esperemos que devuelva, en parte, lo que se merecen, muchísimas escritoras del continente africano.

El libro que tengo entre manos y que he terminado de leer hace poco es  La bastarda  de Trifonia Melibea Obono,  escritora de Guinea Ecuatorial.

Trifonia Melibea es una escritora joven, nacida en 1986, periodista y politóloga. Empezó a escribir hace mucho tiempo, cuando en la infancia se hacía preguntas sobre por qué ella no podía hacer ciertas cosas, aunque no haya sido hasta hace poco cuando se han publicado sus libros.

Melibea-Obono_2La escritora guineana habló ya en 2016, en una mesa redonda sobre diversidad afectivo-sexual en el Centro Cultural de España en Malabo, de la dificultad que existe en su país para vivir y disfrutar libremente de una sexualidad diferente a la normativa. De hecho, muchas personas tienen que mentir y llevar una doble vida, afirma.

La bastarda es una breve novela, bien escrita, que se lee con fluidez, una novela feminista que visibiliza temas complicados de sacar a la luz en determinadas culturas como son la presión de la tradición, la homosexualidad y el control sobre las mujeres.

Cv8VEZVXgAUmUdmLa novela está ambientada en Guinea Ecuatorial. La protagonista, Okomo, pertenece a la etnia fang. A través de la joven conoceremos las costumbres y tradiciones de esta etnia así como las diferentes presiones y dificultades a las que tiene que enfrentarse.

En este caso, Okomo, lo tiene doblemente difícil por ser mujer y bastarda (su madre murió en el parto y desconoce quién es el padre) y por sentirse atraída por las mujeres. Esta dificultad es mayor porque en muchas culturas africanas el ser homosexual ni siquiera se considera, se piensa que es un mal proveniente de la cultura occidental.

En la etnia fang si existe una palabra para el hombre homosexual: “hombre-mujer” pero para el caso de la mujer no existe un término con que nombrarla, por lo tanto, existe una doble invisibilidad para las mujeres.

Con la historia de Okomo se cruzan otras historias que le dan forma al libro y nos hacen reflexionar sobre otras costumbres arraigadas en la etnia fang como la poligamia y la brujería.

Personalmente, creo que se trata de un libro con fuerza, del que se pueden extraer muchas conclusiones y que recomiendo su lectura puesto que como se comenta en su introducción es novedoso porque lo escribe una mujer, es feminista y militante y habla abiertamente de la homosexualidad en África.

Bastarda yo, una mujer fang; bastarda yo la hija de una soltera fang; bastarda yo, lesbiana. Con esta cita al comienzo del libro se resume la potencia del libro y los ejes sobre los que se mueve.

 

La mujer en el sur

La mujer en el Sur es un libro de relatos dentro de un proyecto de la Asamblea de Cooperación de la Paz (ACPP) que además incluye un video y una exposición fotográfica.

Los relatos, acompañados también de una ilustraciones maravillosas, fueron escritos por mujeres de 13 países diferentes (Palestina, Israel, Túnez, Marruecos, Mauritania, España, Guinea Bissau, Senegal, Haití, República Dominicana, Honduras y El Salvador) y a través de su mirada pretenden mostrar la situación de las mujeres en diversos países considerados del sur. Se trata de una muestra diversa que nos acerca a las diferencias y semejanzas en los problemas, dificultades, discriminaciones y abusos que sufren las mujeres en distintas partes del mundo.

Las mujeres, por el mero hecho de serlo, viven en condiciones de desigualdad respecto a los hombres, privilegiados. Las primeras luchan por romper las relaciones de poder que las someten. Pero además, entran en juego otros elementos que no se pueden ignorar que van desde la posición social, el aspecto físico, la religión, hasta las guerras o la raza.

Durante la lectura de estos relatos podemos ser conscientes de diferentes problemáticas. En los relatos de las autoras de Palestina e Israel, por ejemplo, se habla de las guerras. Las mujeres tienen que hacer frente no sólo al miedo al otro y al diferente, aunque se aprecia la solidaridad entre mujeres (que también surge entre las mujeres saharauis que organizan sus campamentos y buscan su derecho a que se reconozca su identidad), sino además luchar porque evitar que su cuerpo se convierta en un campo de batalla, algo que sucede en todas las guerras.

Otros relatos, como el de Marruecos nos acerca al cruce de culturas y a la mutilación genital femenina que padecen cerca de tres millones de mujeres en el mundo y que muchas mujeres como Fátima Djarra, de Guinea Bissau (uno de los países que más la sufren), intentan erradicar a través del activismo, concretamente dentro de la Asociación Flor de África en Navarra.

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La mujer como responsable de las tareas domésticas y su papel de cuidadora es otra de las cuestiones claves que sale a relucir en los relatos de Túnez o Guinea Bissau o las continúas violencias sexuales y de género que sufren las mujeres en Mauritania u Honduras así como la visión de la mujer destinada a complacer al hombre en el matrimonio en lugares como Haití o Senegal, algo íntimamente relacionado con los matrimonios forzosos, incluso con niñas, que se conciertan en muchos países del mundo.

Estos temas, junto a otros no menos importantes, como el acaparamiento de tierras en Nicaragua, la poligamia en Senegal, la falta de educación en República Dominicana (y el interés de muchas mujeres por acceder a ellas) nos dan, como decíamos, una visión general de cómo es la situación de la mujer en determinados países, sin una mirada externa.

Estas y otras mujeres, lejos de victimizarse luchan cada día por crear un mundo mejor y más igualitario para ellas y sus compañeras. Se organizan y surgen proyectos de empoderamiento relacionados con la participación en la economía, en la política, en la educación y en el activismo por los derechos de las mujeres.

Conocida es la lucha que llevó a cabo Malala Yousafzai, una niña pakistaní para que las niñas tuvieran derecho a la educación. En el libro autobiográfico Yo soy Malala podemos de conocer de primera mano sus reivindicaciones y los ataques que sufrió por ello. Otro proyecto interesante que se han llevado en distintas zonas de África como Guinea Bissau o Kivu Sur, una región del Congo es el de empoderar haciendo radio. En la entrevista que Elisa García Mingo realiza a la activista congoleña Caddy Adzuba en el libro Micrófonos de paz podemos hacernos una idea del funcionamiento y de la utilidad de este tipo de proyectos. Y también es interesante que haya novelas publicadas como La bastarda de Trifonia Melibea Obono, de Guinea Ecuatorial, donde se abordan temas como el peso del patriarcado y de las tradiciones y los valores y cómo estos limitan la libertad y emancipación de las mujeres; además se muestra también lo mal visto de la homosexualidad (la de las hombres porque la de las mujeres ni siquiera es algo que se contemple como posible, lo que resulta más duro aún).

En definitiva, este conjunto de relatos nos permiten ampliar nuestra mirada a la vida, dificultades y también a la diversidad y a los proyectos de otras mujeres en el mundo. La lucha por la igualdad continúa.

*Publicado originalmente en el blog del Club de Lectura Feminista de la Asociación La Maraña.

La señora Dalloway. Virgina Woolf

woolfEn una sociedad victoriana hermética y de ideas conservadoras, la escritora Virginia Woolf (1882-1941) consiguió sobresalir con su talento y, además, ser reconocida como una gran intelectual en su propia época. Escribió novelas, ensayos, cuentos y fue una gran oradora.

Bien es cierto que era una época en la que hacía falta pertenecer a una clase acomodada para acceder a la cultura, aunque era más difícil para las mujeres (en una ocasión le negaron la entrada a la biblioteca porque las mujeres solo podían entrar acompañadas o con una carta de presentación). Woolf no fue al colegio pero sí que recibió formación en casa y tuvo acceso a libros que le facilitó adquirir conocimientos. Sin embargo, vivió también momentos duros. Su madre murió cuando ella tenía trece años y dos años más tarde, lo hizo una de sus hermanas. También sufrió abusos sexuales de uno de sus hermanastros, hechos que pudieron marcarla profundamente e influir en las continuas depresiones que padeció desde joven.

Estamos ante una mujer adelantada a su tiempo que perteneció a un club selecto de intelectuales, el Círculo Bloomsbury, creó junto a su marido su propia imprenta y mantuvo un matrimonio abierto al tener relaciones con mujeres; la más conocida fue su amante Vitta Sacke-Ville, en quien se basó para escribir su famosa novela Orlando.

Fue una escritora innovadora que intentó romper los férreos moldes de la época no sólo mediante sus historias sino también con un lenguaje innovador que escapaba al férreo control de las normas sociales. Es considerada una de las pioneras en la utilización del flujo interior de los personajes con gran brillantez como herramienta de narración, técnica que se aprecia especialmente en su novela Las Olas pero también en La señora Dalloway. También introdujo temas novedosos y provocadores en su tiempo como la homosexualidad, la sexualidad en Orlando, la transexualidad en Flush, la masculinidad y la guerra en Tres Guineas o la independencia de las mujeres en Un cuarto propio.

La señora Dalloway, publicada en 1925, tres años antes de que el sufragismo alcanzara su éxito en Gran Bretaña y que se menciona sutilmente en la novela, es su cuarta obra. La protagonista es Clarissa Dalloway, una mujer de la alta sociedad que está preparando una fiesta. La novela transcurre en único día y a lo largo de él nos encontramos con las reflexiones de Clarissa sobre su vida y sobre una relación amorosa anterior y con numerosos personajes, algunos que se conocen entre ellos, otros, que se cruzan casualmente en el camino a través de elementos ambientales y espaciales, como las campanadas del Big Ben o un parque londinense y que configuran la idiosincrasia y funcionamiento de la sociedad londinense del período de entre-guerras. Una sociedad dura y elitista que solo mira con buenos ojos a una clase social adinerada, que obedece a unas normas sociales muy rígidas y donde se percibe claramente la lucha y la diferencia de clases.

Encontramos mujeres que sufren, que se sienten encorsetadas en el debe-ser que la sociedad les impone, como la propia señora Dalloway, y del que les gustaría escapar. Existe un único modelo de mujer, estereotipo del que no está permitido salir y se espera la dependencia, la debilidad y la complacencia a los hombres. Además, se trata de una sociedad que ve con malos ojos la sexualidad fuera de la norma que son las relaciones hombres-mujeres. Las mujeres sienten atracción por otras mujeres pero se inhiben ante algo que está prohibido y que la sociedad condena.

Es interesante el tratamiento de las enfermedades mentales en la novela. La propia Woolf sufrió trastornos bipolares que la llevaron finalmente al suicidio. A través de Septimus Warren Smith, uno de los personajes de la novela, y el alter ego de Virginia Woolf, asistimos a una queja abierta del tratamiento que reciben las personas enfermas por parte de los médicos. La negación del derecho a tomar decisiones sobre sí mismos y su falta de autonomía, situación que la escritora pudo vivir en carne propia y que otras escritoras como Charlotte Perkins-Gilman en El papel pintado de amarillo y Janet Frame en la autobiografía Un ángel en mi mesa también trataron.

Nos hallamos, por tanto, ante el retrato de una sociedad violenta contra las mujeres y contra las clases sociales que no se consideran de la alta sociedad. Una violencia que se ejerce a través de las leyes. Una sociedad que considera a los otros un peligro. Virginia Woolf es capaz de mostrarnos a través de pensamientos, miedos, emociones y reflexiones entrelazadas una sociedad que califica de enfermas a quienes no cumplen los mandatos sociales cuando es la sociedad la que está realmente enferma.

La señora Dalloway, aunque sea una novela densa y compleja, quizás difícil en algunos momentos, es de imprescindible lectura ya que de ella se extraen temas de debate entorno a cuestiones feministas que hoy día continúan de actualidad. Por su parte, Virginia Woolf continúa siendo un referente del feminismo y su gran logro fue ser considerada , lo que es, un genio y no una musa.

*Publicado originariamente en blog del Club de lectura feminista de la Asociación La Maraña

Mujeres que leen, mujeres que escriben contra la opresión

El ámbito literario es un campo de batalla, otro más, en el que las mujeres luchamos contra la opresión que el patriarcado ejerce sobre nosotras. La lectura, en mayor o menor medida, otorga conocimientos, independencia, libertad, capacidad de decisión. Los hombres han intentado evitar, hasta hace relativamente poco, que las mujeres leyéramos o escribiéramos. Lo consideraban innecesario, pensaban que éramos incapaces o que tal actividad nos volvería locas. Simplemente tenían miedo de perder sus privilegios en la sociedad. La lectura era peligrosa para las mujeres, decían. Una excusa para continuar sometiéndonos y mantener una relación de poder sobre nosotras. Al mismo tiempo, ejercieron violencia (y se continúa) al crear referentes estereotipados, sumisos, dependientes y no libres.

Sin embargo, las mujeres siempre hemos buscado el modo de escapar al control que el patriarcado nos ha impuesto, de rebelarnos contra el poder establecido y contra el papel que nos han asignado en la sociedad en contra de nuestra voluntad.

En la China antigua, en Hunan, las mujeres crearon un lenguaje secreto, el nushu, para poder hablar entre ellas ya que el lenguaje escrito por hombres lo tenían vedado. Era su forma de comunicarse y darse consejos sin que los hombres se enteraran.

chinaPoco interés ha habido en dar a conocer a Murasaki Shikibu, escritora japonesa del siglo XI que escribió Genji Monagatari, considerada la primera novela, tal como hoy la concebimos, de la historia.

En la Edad Media se leían libros religiosos y sagrados y aunque bien es cierto que la cultura estaba en manos de la Iglesia y de las clases nobles o la corte, también destacaron mujeres en los scriptoriums. Conocida es Hildegard de Bingen, autora de libros visionarios, tratados científicos, médica y compositora o Eloísa de Paracleto, mujer excepcionalmente culta y erudita.

En el siglo XV había un Tratado que afirmaba que las mujeres solo podían leer lo escrito por sus maridos cuando estuvieran solas y para cualquier otra lectura debían estar acompañadas. Aún así hubo mujeres como Cristina de Pizan que escribió una obra de referencia, la primera obra feminista moderna: La ciudad de las mujeres, un tratado donde ya habla de temas como la violación, la igualdad entre mujeres y hombres y el acceso al conocimiento por parte de las mujeres.

Humanistas y filósofos como el español Juan Luis Vives, en el siglo XVI, aconsejaba a los maridos que impidieran que las mujeres e hijas leyeran, ya que según él carecían de juicio. Siguieron su estela el celebérrimo Jean Jacques Rousseau, que no dejó de ser un misógino. En el último capítulo de su obra El Emilio, dedicado a Sofía, la mujer ideal, se muestra a favor de que la mujer viva en la esfera privada y se dedique durante su vida a agradar y satisfacer a los hombres. En cambio, quedaron en más en la sombra pensadores como François Paulin de la Barre o el Marqués de Condorcet que defendían la igualdad de las mujeres en la sociedad. Son los tiempos de las cazas de brujas pero también el de la aparición de algunos clubs de lecturas, surgido a raíz de mujeres que se juntaban para hablar mientras hilaban y bordaban.

ilustracionLa figura de lectora ya había empezado a tomar cierta entidad y en el siglo XVII las mujeres empiezan a acceder a la lectura, aunque siempre con limitaciones, y todavía con muchas lecturas religiosas. En el siglo XVIII son imprescindibles las obras de Olympe de Gauges que escribió Los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791 como réplica a los Derechos del Hombre y el Ciudadano de 1789, que a pesar de lo que muchos quisieron afirmar no incluía los derechos de las mujeres. También fue importante la contribución de Mary Wollstonecraft con la Vindicación de los derechos de la mujer en 1792, en parte una respuesta en clave feminista al Emilio de Rousseau del que se sintió profundamente decepcionada al leer el capítulo dedicado a Sofía. La pensadora afirmaba que la mujer no era inferior al hombre sino que no se le había dado la misma educación.

Un siglo después, se empezaba a estudiar la mujer como cuestión social. También aparecen filósofos, como John Stuart Mill, el cual reivindica la igualdad de las mujeres en El sometimiento de las mujeres. En sus pensamientos influyeron las ideas feministas que le transmitía Harriet Taylor. Las mujeres viven una época en que no encuentran su lugar en el mundo, sometidas por el patriarcado y empiezan a aparecer enfermedades como la anorexia y a diagnosticar a muchas mujeres como histéricas cuando realmente el patriarcado era el origen de sus problemas. Un ejemplo lo encontramos en Alice James, cuyo diario dejó con la boca abierta a sus hermanos Henry y William o en Charlotte Perkins Gilman a la que los médicos le prohibieron leer y escribir porque la vida intelectual le perjudicaba, algo que se negó a aceptar. El papel amarillo es un relato imprescindible suyo que refleja la situación de muchas mujeres.

remediosYa en el siglo XX, se produce, como dice Ángeles Cabré, una democratización de la lectura y aparecen grandes lectoras y escritoras como Virginia Woolf que reivindica una habitación propia para las mujeres. Recordemos que hasta ahora la vida se hacía en un lugar común y, por ejemplo, no fue fácil para Jane Austen escribir sus novelas en un salón lleno de ruido, entre el trasiego familiar y las visitas de conocidos a la casa. Otros nombre importantes son el de la escritora neozelandesa Katherine Mansfield, la estadounidense Anais Nïn, la chilena Gabriel Mistral o la argentina Alfonsina Storni. En España se creó el Lyceum Club en 1926 y funcionó hasta 1939, una asociación para mujeres, la élite cultural, que disponía de tiempo y medios debido a su ambiente familiar y su nivel de educación para estas actividades. Estuvo compuesto por mujeres tan importantes para nuestra historia y olvidadas como María de Maeztu, María Lejárraga, Zenobia Camprubí, Victoria Kent, Concha Méndez o María Teresa de León.

En la actualidad hay más mujeres lectoras que hombres pero se sigue leyendo, en gran medida, con una mirada masculina. Se visibilizan pocos nombres de escritoras y los hombres, la sociedad, infravalora lo escrito por las mujeres, etiquetándolo de manera despectiva como femenino únicamente porque no se ajusta al patrón masculino. El mejor libro escrito por una mujer siempre va a ser peor valorado que el peor escrito por un hombre. Existen gran cantidad de autoras, con estilos muy diferentes que nos permite hacernos una idea de la diversidad, siempre buena, con la que contamos. Estos son algunos (que no todos): Margaret Atwood, Chimamanda Ngozi Adichie, Marcela Serrano, Virginie Despentes, Gioconda Belli, Paloma Bravo, Alice Munro, Belén Gopequi, Caitlin Moran, Toni Morrison, Elfriede Jelinek, Iztiar Ziga y un largo etc.

Es necesario seguir leyendo, con mirada feminista, ser reflexiva y crítica, cuestionar a través de la lectura los valores patriarcales y sexistas que nos imponen. Por este motivo surge, con el auge de los clubs de lectura, y como en otras tantas ciudades, el primer Club de lectura feminista de Guadalajara, dentro de la Asociación de La Maraña, un club participativo y abierto. Hace falta continuar la lucha y la reivindicación, también a través de la cultura, y más concretamente de la literatura, relegada en muchas ocasiones al último lugar, porque debemos comprometernos, no aceptar sin más el poder y los cánones establecidos y dar espacio a otros valores alternativos más igualitarios y justos para mujeres y hombres.

Busquemos, como dice la poetisa mexicana Rosario Castellanos en su poema Meditación en el umbral, un mundo menos sórdido para las mujeres.

Leamos. Cuestionemos. Sigamos cambiando el mundo.

*Publicado originalmente en el blog del Club de Lectura feminista de la Asociación La Maraña